Mil vaggio

Mi deuda con la vida.

Yo le debo mucho a la vida, y parte de mi deuda se debe a mi arrogancia, a ese apego hacia las cosas sin vida, a mi poco o nulo interés por la flor que crece entre las aceras y el ruido inmenso de la ciudad, a mi sustracción del verde y a mi indiferencia al silencio. Le debo a la vida mi letargo ante el ruido de ola , mi ausencia cuando la tarde se retiraba lenta y humilde, cuando la mañana en éxtasis me llamaba con su orquesta de pájaros.

 

¿Dónde estaba yo? ¿Qué hábito me envolvía? ¿Qué ilusión corrompía mi espíritu?

 

Me detengo ante el inmenso azul del cielo y, si alguien escucha mi conciencia, quiero pedir perdón, quiero limpiar esta balumba y retroceder. Sé ahora que lo eterno no era relativo a una ecuación, y que la vida es la representación de todo aquello que nos rodea, excepto el mundo marchito que se construye para la ebriedad del espíritu.