A espaldas de la herida

Antonio Portillo



No es la muerte lo que pesa.
Es la vida sin testigo.
Es este corazón que late a oscuras
como un remo en un sótano,
como un grifo que gotea en una casa
donde ya nadie vive.
Hemos confundido estar con habitar.
Ocupamos el cuerpo,
pagamos su alquiler de sangre y hueso,
pero nunca abrimos las ventanas.
Nunca preguntamos
quién encendió las luces de los órganos,
quién programó este insomnio de los pulmones
que no cesa,
que no cesa,
que no pide permiso ni salario.
Le llamamos rutina
a vivir de prestado,
a devolver cada día
lo que nunca pedimos.
Pero a veces
—cuando un viento sin rostro nos muerde la nuca
o lo irreparable se sienta en nuestra silla—
vemos por un segundo
que el fuego no era nuestro,
solo alquilábamos la luz.
Y ahí,
en ese temblor del ojo,
no descubrimos nada nuevo.
Solo recordamos
que hemos estado vivos
a espaldas de la herida.
Que la respiración
ha sido siempre una fidelidad
que no nos merecemos.

 

Antonio Portillo Spinola ©️ 

  • Autor: Spinoport (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 20 de mayo de 2026 a las 03:35
  • Comentario del autor sobre el poema: Viví sin saber que estaba vivo. Ocupé mi cuerpo como se ocupa un piso de alquiler —pagando, cumpliendo, sin abrir las ventanas. Llamé rutina al miedo de mirarme por dentro. Llamé cansancio a la huida. A veces algo me sacudió —el amor, la pérdida, lo que no tiene remedio— y por un segundo vi que el fuego que creía mío nunca lo fue. Solo lo tomé prestado. Solo alquilé la luz. Y en ese temblor entendí que había estado vivo todo el tiempo sin darme cuenta. Que mis pulmones siguieron funcionando sin pedirme permiso. Que la vida me fue fiel aunque yo le diera la espalda a la herida. Lo insoportable no es que vayamos a morir. Es que se nos dio todo —el latido, la respiración, la luz— y lo gastamos mirando hacia otro lado.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 40
  • Usuarios favoritos de este poema: Raymundo Flores Avendańo, Antonio Pais, Mauro Enrique Lopez Z., Daniel Omar Cignacco, Sheilo Sanz, El Hombre de la Rosa, India De La Puente, racsonando, alicia perez hernandez, Nelly Cevallos - Liora, Sergio Alejandro Cortéz
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Comentarios1

  • Daniel Omar Cignacco

    Este poema posee una densidad filosófica y emocional extraordinaria. Desde el primer verso instala una reflexión existencial devastadora: no es la muerte lo que aterra, sino la experiencia de una vida vivida sin verdadera conciencia, sin testigo interior. La sucesión de imágenes —“un remo en un sótano”, “un grifo que gotea en una casa donde ya nadie vive”— crea una atmósfera de abandono íntimo profundamente inquietante y hermosa.

    El texto destaca especialmente por su capacidad de convertir procesos biológicos cotidianos en enigmas metafísicos. Versos como “quién encendió las luces de los órganos” o “este insomnio de los pulmones” transforman la respiración y el cuerpo en fenómenos casi sagrados, misteriosos, ajenos incluso a nuestra voluntad. Hay aquí ecos del existencialismo, de la poesía filosófica contemporánea y de una sensibilidad cercana a la meditación sobre la conciencia y la fragilidad humana.

    El cierre es magistral. La idea de que “la respiración / ha sido siempre una fidelidad / que no nos merecemos” resignifica toda la experiencia de estar vivos como un préstamo silencioso y milagroso. El poema no busca respuestas: revela el vérigo de existir. Una pieza profundamente lúcida, intensa y memorable.

    • Antonio Portillo

      Gracias de corazón por una lectura tan profunda y tan honesta.
      Has entrado en el poema por la misma grieta desde la que fue escrito.
      A veces uno escribe sin saber exactamente qué está buscando, y de pronto aparece alguien que reconoce la herida antes incluso que las palabras. Eso emociona.
      Me alegra especialmente que hayas percibido esa idea del cuerpo como un misterio que sigue funcionando al margen de nosotros, como si la vida fuese una fidelidad silenciosa anterior incluso a nuestra conciencia.
      El poema nació precisamente de ese vértigo: descubrir que muchas veces no vivimos, sino que simplemente continuamos. Y que sólo el amor, la pérdida o lo irreparable nos despiertan por un instante.
      Gracias por detenerte de verdad a mirar dentro del texto.
      Comentarios así también le devuelven sentido a escribir.
      Un abrazo.



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