ENTRE SUEROS Y SOMBRAS

johan esteban restrepo uran

 

Estando acostado en la camilla de un hospital,

con suero en la vena

y agujas invadiendo mi cuerpo,

añoraba aquellos bellos momentos

en los que vivía lleno de salud.

 

Mis lágrimas corrían sin freno,

como arroyos despeñándose

por la pendiente del recuerdo.

 

Mis manos, adoloridas por los chuzones,

moradas por el frío,

yacían extendidas, vacías,

sin fuerza, sin esperanza.

 

La vida me mostraba su peor rostro,

ese donde el olvido deja marcas profundas,

huellas abiertas

que sangran en silencio.

La tristeza consumía mis entrañas,

mientras el remordimiento danzaba frente a mí,

recordándome los días perdidos,

las horas malgastadas,

los sueños que dejé hundirse

en los vicios y el derroche,

como un bote sin rumbo

que se pierde en el mar.

 

Mi cuerpo cansado pedía descanso,

mi corazón, apenas un suspiro,

latía con la última esperanza

de hallar perdón en medio del dolor.

 

Y mientras el reloj del hospital

marcaba el paso de mi despedida,

mi alma, libre y temblorosa,

corría sin rumbo

por los fríos pasillos

de la eternidad.

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