Dentro de mí.
Ya no estaba.
Era.
Herido.
Caminaba sobre la arena hacia lo rojo.
Su herida, bramando sin canto.
Mente paralizada,
aprisionaba al niño interior;
Ya no estaba.
Las carnes crearon pan al espectador.
Las dos astas,
molino bajo piel,
pasaron por el verduguillo de hierro
en la arena de mi cuerpo
triturando el trigo de carnes
para hacer sangre de pan
y susurros de trueno.
Ya no estoy.
Soy ahora el que salta al vacío
para quitar las agujas del morrillo.
El que calló y hoy rompe el silencio.
El molino que rompió su abismo.
Ocultos en la sangre,
en la muleta que me tropezó
Me mantengo ardiendo.
Con sabor a demente
en el pan tostado:
Atragantándome con raíces
para que no vean
migas mojadas.
Sin acero de voz no hay coraza.
Decía cansado sin jugar
en otra playa.
Yo, el niño, grieta del toro.
Soy el que guarda la clave en la boca.
Llenando toda la arena de mi cuerpo
de mi nueva esencia.
Diente de león huérfano del viento,
que coge el alba para mirarlo.
Sentir el recuerdo.
Saborearlo.
Ver la emergencia colgada
en las pestañas.
Y del silencio
brota mi mano
que se aferra al ayer
para no desaparecer
aunque él se convierta en pan
y yo en sal.
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Autor:
alas blancas (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 19 de mayo de 2026 a las 11:39
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: Sergio Alejandro Cortéz, Daniel Omar Cignacco, Osler Detourniel, Maby De los Peña, Salva45, El Hombre de la Rosa
- En colecciones: Sin equilibrio.

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