alas blancas

PAN, CIRCO Y SAL

Dentro de mí.

Ya no estaba.

Era.

 

Herido.

Caminaba sobre la arena hacia lo rojo.

 

Su herida, bramando sin canto.

Mente paralizada,

aprisionaba al niño interior;

Ya no estaba.

 

Las carnes crearon pan al espectador.

 

Las dos astas,

molino bajo piel,

pasaron por el verduguillo de hierro

en la arena de mi cuerpo

triturando el trigo de carnes

para hacer sangre de pan 

y susurros de trueno.

 

Ya no estoy.

 

Soy ahora el que salta al vacío

para quitar las agujas del morrillo.

El que calló y hoy rompe el silencio.

El molino que rompió su abismo.

 

Ocultos en la sangre,

en la muleta que me tropezó

 

Me mantengo ardiendo.

Con sabor a demente 

en el pan tostado:

 

Atragantándome con raíces 

para que no vean

migas mojadas.

 

Sin acero de voz no hay coraza.

Decía cansado sin jugar 

en otra playa.

 

Yo, el niño, grieta del toro.

Soy el que guarda la clave en la boca.

Llenando toda la arena de mi cuerpo

de mi nueva esencia.

Diente de león huérfano del viento,

que coge el alba para mirarlo.

Sentir el recuerdo.

Saborearlo.

Ver la emergencia colgada 

en las pestañas.

 

Y del silencio

brota mi mano

que se aferra al ayer

para no desaparecer

aunque él se convierta en pan

y yo en sal.