Sal y la boca
Arena pegada a tus muslos
como costra de vidrio frío.
Te miré sin ropa,
con la piel abierta al oleaje,
oliendo a yodo y a sol quemado.
Tus manos tenían el tacto del granizo.
Me tocaste
y el mar llenó mi garganta:
caracolas rotas bajo la lengua.
El agua empujaba, animal herido.
Agua oscura rompiéndonos.
Marea espesa bajo las rodillas.
Tu pecho raspaba
como piedra pómez.
Bebí la sal de tu cuello.
El mar,
violeta y denso,
nos cubría la boca.
© Nelly Cevallos-Liora
19 de mayo al año 2026
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Autor:
Nelly Cevallos - Liora (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 19 de mayo de 2026 a las 08:17
- Comentario del autor sobre el poema: Todos derechos reservados — © Nelly Cevallos — Liora
- Categoría: Erótico
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, Tommy Duque, Nelly Cevallos - Liora, Tito Rod, Lualpri, Poeta al atardecer.
- En colecciones: Erótico.

Offline)
Comentarios3
Tus versos me fascinan...
Tommy,
qué bonito saber que los versos encontraron ese lugar en tu lectura.
A veces la poesía solo intenta eso: dejar una pequeña resonancia en alguien más.
Gracias por tus palabras.
— LIORA
Este poema posee una fuerza sensorial extraordinaria y una estética corporal muy lograda. La relación entre el deseo y el mar está construida desde imágenes ásperas, táctiles y físicas, donde la naturaleza deja de ser paisaje para convertirse en una extensión del cuerpo y del impulso erótico.
La textura domina el poema: “arena pegada”, “vidrio frío”, “piedra pómez”, “caracolas rotas”. Cada elemento crea una experiencia casi táctil para el lector, intensificando la sensación de crudeza y vulnerabilidad. El lenguaje evita lo ornamental y apuesta por una poesía material, directa y visceral.
También destaca la manera en que el mar funciona como una entidad viva y oscura: “animal herido”, “agua oscura rompiéndonos”. Esa imagen transforma el encuentro íntimo en algo más profundo y primitivo, donde el deseo parece mezclarse con violencia, naturaleza y disolución de la identidad.
El cierre es especialmente poderoso por su economía expresiva. “El mar, violeta y denso, nos cubría la boca” deja una sensación de asfixia, silencio y fusión absoluta. Es un poema intenso, contemporáneo y de gran riqueza sensorial.
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