Sal y la boca
Arena pegada a tus muslos
como costra de vidrio frío.
Te miré sin ropa,
con la piel abierta al oleaje,
oliendo a yodo y a sol quemado.
Tus manos tenían el tacto del granizo.
Me tocaste
y el mar llenó mi garganta:
caracolas rotas bajo la lengua.
El agua empujaba, animal herido.
Agua oscura rompiéndonos.
Marea espesa bajo las rodillas.
Tu pecho raspaba
como piedra pómez.
Bebí la sal de tu cuello.
El mar,
violeta y denso,
nos cubría la boca.
© Nelly Cevallos-Liora
19 de mayo al año 2026