Estaremos en ausencias intermitentes.
Era mía, lo sé. Y yo de ella,
su brújula de fiebre y extravío.
Desordenaba el aire de mi pecho
como iglesia ardiendo sobre un río.
Aún me incendia la saliva
cuando regreso al mapa en su entrepierna,
como si allí temblaran las centellas
que alguna vez partieron mi materia.
Fue un cráter en mi cama. Y aun ahora
me zumba su ceniza en los costados,
igual que un tren de pólvora y luciérnagas
atravesando túneles cerrados.
Tenía una manera de mirarme
capaz de desclavarme los sentidos,
y un olor a magnolias y tormenta
deshaciéndome el pulso en remolinos.
Cuando reía, las copas temblaban
como campanas ebrias en domingo;
cuando callaba, el aire se rendía
y hasta la noche afilaba sus cuchillos.
Tenía labios de incendio antiguo,
de esos fuegos que fundían espadas
en las fraguas perdidas de los mitos,
donde aún duermen dioses y batallas.
Y en sus ojos —dos eclipses feroces—
giraban huracanes y delirios;
ardían avenidas invisibles
debajo de sus párpados antiguos.
Ay del hombre que intente contenerla:
los volcanes no nacen para jaulas.
Ella amaba como lava descendiendo,
arrasando la sombra con sus brasas.
Y, sin embargo, en medio del incendio
guardaba una ternura clandestina:
una pequeña lluvia silenciosa
en el corazón rojo del magma.
Después llegó el silencio. Lentamente.
La humedad del adiós sobre los muebles.
Las sombras avanzando por la casa
como monjas de hollín entre cipreses.
Y se marchó. Lo sé. Cerró la noche
con aquel temblor gris de hundimientos,
pero dejó su corazón latiendo
como animal rojo entre mis manos.
He besado otras bocas. Otros cuerpos.
He dormido en ciudades y desiertos.
Pero ninguna trajo aquella música
capaz de fracturarme hasta los huesos.
Porque ella no fue amor: fue cataclismo,
un idioma de incendios y mareas,
la última dentellada de la vida
antes del derrumbe de las estrellas.
Aunque el tiempo me cubra de ceniza,
aunque la muerte venga a clausurarme,
seguiré oyendo el hierro de su sangre
golpeando los andamios de mi carne.
Porque hay mujeres que jamás terminan.
Se quedan respirando entre las ruinas.
Y ella sigue encendida en mis adentros
como una ciudad rota que ilumina
y me llena de amor este calvario.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026
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Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 18 de mayo de 2026 a las 22:48
- Comentario del autor sobre el poema: Al mejor estilo de Justo Aldú para las damas del foro.
- Categoría: Amor
- Lecturas: 19
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Antonio_cuello, Noa Subin, Osler Detourniel, Tommy Duque, 🌼⚘María García Manero ⚘🌼, Carlos Baldelomar, Lualpri, ElidethAbreu

Offline)
Comentarios5
Cada palabra tuya está cargada de tanta luz,
de tanta verdad y de tanta fuerza,
que uno se pregunta cómo cabe tanto universo dentro de una sola persona.
Eres gigante en el arte.
Has nacido para esto:
para revelarnos el alma a nosotros mismos.
Tu talento es descomunal, inmenso, infinito.
No hay elogio que alcance para lo que tu pluma vale.
Saludos hermano de letras JUSTO ALDÚ
Hermano de letras, gracias de corazón por tus palabras. Las recibo con mucha humildad y con un profundo agradecimiento. Uno nunca sabe realmente hasta dónde pueden llegar los versos que escribe en silencio, y encontrar comentarios así anima a seguir caminando este oficio tan difícil y tan hermoso de la palabra.
La verdad es que ninguno escribe solo. Siempre necesitamos de otros ojos, otras sensibilidades y otras voces que acompañen el camino. Por eso doy gracias a Dios, siempre gracias, porque me concede el favor de tener un colega más, un compañero más, un amigo de letras más con quien compartir esta pasión.
Te agradezco mucho el cariño, la generosidad y el tiempo que dedicas a leerme. Te envío un fuerte abrazo y todo mi respeto, amigo.
Es un poema ardiente y precioso, Justo. Gracias por compartirlo, me encantó.
Saludos y abrazo cálido.
Dedicado a todas las damas del foro. Muchas gracias María García
que Dios te ilumine de noche y de día
Saludos y correspondo tu cálido abrazo.
Muchas gracias.
Amén, igualmente. 💙❣
Justo, querido amigo.
Tu poema tiene tal potencia telúrica que uno sospecha que, si los geólogos lo leyeran, pedirían actualizar la escala de Richter. Qué manera de convertir la memoria en un fenómeno natural: entre sismología emocional y mitología aplicada.
Confieso que terminé la lectura con la sensación de haber asistido a un seminario sobre cataclismos… impartido por alguien que los ha vivido en primera fila.
Gracias por la lectura.
Un abrazo, lleno de asombro, porque:
POETAS SOMOS...y hay que perdonar...
Fuerte, ardiente y bonito poema, querido amigo.
Gracias por compartirlo.
Un abrazo.
Querido Justo, ciertamente, los volcanes no nacen para jaulas.
Preciosas letras y gracias en nombre de todas las damas del portal.
Un fuerte abrazo.
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