ALTA MONTAÑA- PROFUNDO VALLE

Elias Castellano

 

 

¡Ay, las niñas de mis ojos

que han dejado de ser tiernas!

Sin apenas percatarse,

pasaron a edad anciana

sin rozar la pubertad.

No tienen la candidez

que las caracterizaban.

 

Y el rey de los luceros, como siempre,

duerme en una cama cóncava

donde nadie pueda verlo.

Solo mis niñas podían mirar

y compatir su misterio.

 

Ahora, el rosario vespertino

no canta más con su tonadilla.

Es sepulcral su silencio.

 

Dicen que lloran los peces

lágrimas dulces.

 

Dicen que exhalan las rosas

perfumados suspiros.

 

Pero nadie, absolutamente nadie,

puede decirme si el agua

canta, llora o rie.

 

Solamente el niño

que roba las manzanas

trepando al árbol,

sabe apreciar el sabor;

el verdadero sabor agridulce

de su jugo.

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