Ensayé las palabras
muchas veces.
Las ordené, las corregí,
les quité el temblor
para que sonaran a verdad
y no a miedo.
Pero la muerte no avisa
cuándo cierra la puerta.
Y ahora tengo un perdón
sin destinatario,
una deuda que no puede saldarse,
un nombre que pronuncio
en el único lugar donde aún me escucha:
el silencio.
No te pedí perdón.
Te hice sufrir
y me quedé con eso dentro
como quien guarda una piedra en el pecho
esperando el momento exacto
que nunca llegó.
Ahora envejezco
y aprendo que hay heridas
que uno no inflige a otros:
se las inflige a sí mismo
para siempre.
Porque tú ya no puedes perdonarme.
Y yo
no sé cómo perdonarme
sin ti.
Antonio Portillo Spinola ©️
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 18 de mayo de 2026 a las 05:34
- Comentario del autor sobre el poema: Mi poema es un acto de amor póstumo que no se atreve a llamarse así, pero lo es. Es el perdón que, al no tener destino, se convierte él mismo en destino: un lugar donde la culpa se aloja con dignidad, sin pudrirse. He hecho del silencio un templo, y dentro de ese templo he pronunciado el nombre. Eso ya es una forma de paz, aunque el yo del poema aún no lo sepa. El poema lo sabe. Y ahora, quizás, yo también pueda empezar a saberlo.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque

Offline)
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