Y fui montaña y río y golpe brusco para este
amanecer
Un relámpago de siete remolinos
cruza el vértigo
de un pámpano.Hace frío en mis cabellos y en el boscoso
camino
de la sangre.
Hace frío en mi blusa de seda africana
y en los ojos de los escarabajos.
(Es la hora de los mártires y de los besos
desnudos para mis pies desnudos)
Tal vez una canción de Roque Dalton ilumine
mi sombrero nocturno.
Debo partir con mis huesos
de barro
al oscuro silencio de un espejo
subterráneo
y despertar a los muertos y a las cabezas
petrificadas
bajo un cielo de aluminio
y electrodos.
La noche cabalga sobre una luna sin fondo
como
un paraíso de fuego en el recuerdo.
(Hora vértigo en el vuelo de las garzas).
Silencio…
Alguien navega en esta playa encandilada
por la sangre
y por las novias de greda y amarantos.
Da lo mismo una oda de Gelman o de Whitman
para arrancarle
una hoja al otoño
y después correr desesperadamente
hacia un gris de páramos
y olvidos.
Sin embargo / es la hora del poemaen un latido.
-
Autor:
Bebe (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 17 de mayo de 2026 a las 15:43
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 12
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, ElidethAbreu, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.