La madre niña
Te encuentro en el patio, mamá.
Siete años.
Un resto de luz que no sabe dónde ponerse.
No me conoces.
Pero yo reconozco ese modo de ser sombra
antes de que el aire se vuelva golpe.
Tus trenzas son dos hilos de silencio.
Haces pozos en la tierra
para enterrar unos ojos que todavía no me han visto.
¿Cómo decirte, pequeña,
que este frío que hoy te envuelve
es el único abrigo que me dejaste de herencia?
Miro tus rodillas:
huesos de azúcar que no me deben nada.
Tus manos no alcanzan para tapar el siglo,
y las mías,
solo son este residuo que te mira.
Éramos la misma falta, mamá,
dos niñas sentadas en el mismo hueco del tiempo,
esperando que el hacha se olvidara de ser hacha.
Te dejo un pan de cal en el regazo.
No me mires con mis propios ojos.
Estás viva,
pero vienes a morir de nuevo, cada tarde,
en el nudo de mi garganta.
Autor :
© Nelly Cevallos-Liora
17 de mayo al año 2026
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Autor:
Nelly Cevallos - Liora (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 17 de mayo de 2026 a las 08:00
- Comentario del autor sobre el poema: Todos derechos reservados — © Nelly Cevallos — Liora
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 11
- Usuarios favoritos de este poema: Lualpri, Nelly Cevallos - Liora, Salva45, Antonio Pais, Hernán J. Moreyra, CARMEN DIEZ TORÍO

Offline)
Comentarios4
Éramos la misma falta, mamá,
dos niñas sentadas en el mismo hueco del tiempo,
esperando que el hacha se olvidara de ser hacha.
Preciosos versos y sentido poema. Un gusto leerte, Nelly. Un abrazo
Salva,
gracias por detenerte justamente en esas líneas tan hondas del poema.
A veces hay heridas que reconocen otras heridas en silencio.
Un abrazo.
— LIORA
Buenísimo. Genial la estructura y muy sentido. Felicitaciones.
Ped,
gracias por la lectura y por detenerte también en la estructura del poema.
Me alegra que te haya llegado esa parte emocional.
Un abrazo.
— LIORA
Me ha encantado tu poema, querida poetisa. Es un poema magnífico, muy potente, con una imagen central muy lograda: esa madre convertida en niña crea una tensión temporal muy sugerente, donde memoria, herida y origen se confunden. Destaca especialmente tu lenguaje simbólico, muy sensorial y frágil a la vez (“huesos de azúcar”, “hilos de silencio”), que construye una atmósfera coherente y delicada. El cierre deja una huella clara con esa idea de la repetición del daño como algo inevitable en la mirada. Gracias por compartirlo, es un lujo leerte. Feliz domingo. Un abrazo.
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