Intenté con todas mis fuerzas ser una buena hija, pero nunca lo logré; al menos no ante los ojos de mi madre. Durante mucho tiempo busqué esa protección en otras mujeres, pero jamás encontré un refugio que se igualara al amor que, según dicen, solo una madre puede dar. Cuando me tocó el turno de la maternidad, el miedo a repetir la historia y ser una mala madre me volvió dura y severa con mis hijos. Sin embargo, siempre busqué el equilibrio: los llené de amor y cada gota de mi trabajo fue por y para ellos.
Con el paso de los años, dejé de perseguir a mi madre y renuncié a idealizarla. Empecé a comprender que lo que ella hizo, dentro de su realidad, estuvo bien, porque ¿qué se le puede exigir a alguien que tiene las manos vacías? Ella hizo lo que pudo con las pocas herramientas que la vida le dio.
Hoy, a mis 44 años, me resigno a la idea de no tener esa madre a la que se puede visitar para desahogar las penas, pedir un consejo o simplemente esperar una taza de café recién hecho... Ya no más. He encontrado amigas entrañables en el camino, pero he aprendido a no vestirlas con roles que no les corresponden: sé que no son mi mamá, ni mi hermana, ni esa prima confidente. Hoy las veo con claridad, las valoro como las grandes amigas que son y honro ese título.
No puedo negar que una parte de mí todavía se siente vacía. Me encantaría ser abrazada y apapachada por mi madre; pero no por la madre real que tengo, sino por esa madre que siempre me habría gustado tener.
-
Autor:
suly22 (
Offline) - Publicado: 17 de mayo de 2026 a las 04:48
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 11
- Usuarios favoritos de este poema: Lualpri, Mauro Enrique Lopez Z., Sheilo Sanz, Antonio Pais
- En colecciones: Suly.

Offline)
Comentarios2
Me emocionó leer(te) algo tan profundo y real. Gracias.
Hola Suly...
Acabo de leerte y en verdad me entristeció tu historia y pensé en todos aquellos seres humanos que gracias a Dios la tienen y/o la han tenido y no les dieron valor.
En mi caso personal, tuve una madre ejemplar en todo sentido, a la que ame, sigo amando y amaré hasta mi último suspiro. Una taurina hermosa que se marchó a los cielos hace poco más de cuatro años y al día de hoy, me parece mentira. Soy un hombre grande pero no tienes idea de cuanto la extraño.
No siempre uno tiene lo que desea o hubiese deseado tener.
Conozco infinidad de casos como los de ambos y otros. Muy pocos son realmente parejos y con amor recíproco.
Sin conocerte te mando un sincero y respetuoso abrazo.
Que tu domingo sea excelente y tu vida se convierta en un manto de paz, sabiduría, salud, dicha plena y amor!
Luis.
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.