Contamos las grietas de lo que no fue,
los barcos de papel que hundió la marea,
y el viejo reloj que, terco, golpea
el mapa marchito de nuestra niñez.
Anhelamos campos que no cultivamos,
la sombra de un árbol que nunca creció,
y en ese lamento, sin ver, olvidamos
que el suelo que pisamos jamás se extinguió.
El viento no vuelve por la misma esquina,
ni el agua del río repite su sed,
pero en la ceniza que el tiempo domina
siempre hay una brasa que quiere encender.
No importan los años que diste al olvido,
ni el oro gastado en el "pude intentar";
ningún horizonte se encuentra perdido
si queda un latido dispuesto a marchar.
Abre las manos, sacude el invierno,
la tierra aún es fértil si quieres sembrar.
Si el tren del pasado se volvió eterno,
las vías del presente te invitan a andar.
No mires la sombra de lo que se atrasa,
ni llores el brote que ayer no creció;
el tiempo es la arena que libre traspasa
las manos del hombre que al fin despertó.
Si el primer instante se fue con la aurora,
El segundo mejor momento es ahora.
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Autor:
Raúl Tello G. (
Offline) - Publicado: 16 de mayo de 2026 a las 06:35
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 21
- Usuarios favoritos de este poema: Raúl Tello G., Ximena Carrillo, Mauro Enrique Lopez Z., Salva45, Antonio Pais, Osler Detourniel, El Hombre de la Rosa, alicia perez hernandez, Tito Rod
- En colecciones: Mine.

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