Secreto

María de los Ángeles Camacho Rivas

Se detienen a rondarme

esos amaneceres en que no eras de sombras.

Cuando la luz te paseaba por el centro de mis rodillas

¡Siempre sol en el deseo de estampida!

 

Tu cuerpo, torre flotante paseando sobre el mío

hasta que poco a poco

un invisible imán tallaba nuestra silueta

sobre un solo troco.

En segundos florecías:

Una cosecha abundante

te aprehendía.

 

-Aún- las más poderosas leyes

físico químicas

no descifran la fórmula

de tus ráfagas.

 

Miro sin estar presta

para mirar nuevamente

esto, esto que se suponía era un secreto

-y digo esto porque hay sentimientos

huérfanos de adjetivos-.

 

Así tienes que permanecer.

Nadie debe saber cómo te nombro.

Con tal revelación te harás eco

y el silencio de tu nombre

es lo único que me queda

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