Cartografia del buscador

Antonio Portillo




​La verdad no tintinea sobre la mesa
ni habita el ámbar que paraliza la luz.
​Acaso sea la inclinación del cuerpo
un segundo antes de tocar el fondo del cajón,
la pregunta que se curva sobre el mapa
buscando, apenas, una dirección.
​Duda el péndulo entre los metales.
Quebramos la rama verde
para descubrir su médula de viento.
​Tengo una sed que excava pozos en el aire.
Prefiero ser el eco deformado,
el arco tenso que olvidó su flecha.
​Una llama que solo sabe
arder en el movimiento,
ignorando la ceniza.

  • Autor: Spinoport (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 15 de mayo de 2026 a las 09:38
  • Comentario del autor sobre el poema: Cuando escribo "la verdad no tintinea sobre la mesa", estoy diciendo que he pasado media vida buscando algo que pudiera guardar en un cajón. He creído que la verdad era una moneda, un objeto contundente que, al encontrarlo, produciría un sonido claro, metálico, definitivo. Pero no. La verdad nunca ha sonado así. La verdad es ese momento justo antes: mi cuerpo inclinándose, mi mano extendida que todavía no toca nada. Es la anticipación, no la presa. Digo "acaso sea" y no "es" porque ya no me atrevo a afirmar. He aprendido a dudar incluso de mi propia búsqueda. El péndulo que oscila entre los metales soy yo, atrapado entre el deseo de encontrar y el temor a que encontrar sea el fin de todo. Cuando quiebro la rama verde, sé que estoy destruyendo algo vivo. Pero necesito ver su interior, esa médula de viento, ese vacío que la sostenía. Es un acto violento contra mis propias certezas. Cada vez que he creído tener la verdad entre las manos, la he quebrado, y dentro solo había aire. Y sin embargo, no me arrepiento. Quebrar es también una forma de conocer. Declaro que tengo una sed que excava pozos en el aire. Es una confesión de absurdo. Sé que el aire no retiene agua, sé que mis pozos se desmoronan apenas los construyo, pero no puedo dejar de excavar. Mi sed no busca saciarse; mi sed es el pozo mismo, el gesto de cavar. Prefiero ser el eco deformado. ¿Me entiendes? He renunciado a ser la voz original, la palabra pura. He aceptado que lo que digo siempre regresa cambiado, sucio de distancia, roto por los obstáculos que atraviesa. Y en esa deformación, en ese regreso impuro, está la única verdad que puedo soportar. El arco tenso que olvidó su flecha. Esta es quizá mi imagen más querida. Un arco en tensión máxima, sosteniendo toda la fuerza del mundo, pero sin proyectil, sin destino. La flecha era lo de menos. Lo importante era el temblor del brazo, la cuerda a punto de romperse, la vibración contenida. Soy ese arco que ya no recuerda para qué fue armado y aun así sigue tenso. Porque la tensión es el sentido. No el disparo. Y al final, esa llama. Esa llama que solo sabe arder en el movimiento, ignorando la ceniza. Yo soy esa llama. Ardo mientras busco, mientras escribo, mientras reviso lo escrito. Si me detengo, si me reconozco en lo ya encontrado, me apago. Ignorar la ceniza no es negligencia: es un acto deliberado de supervivencia. La ceniza es el poema terminado, la verdad formulada, el hallazgo quieto. Y yo no quiero eso. Quiero la búsqueda. Quiero el ardor. Quiero ignorar, para siempre, que todo esto acabará en polvo. Este poema, para mí, es mi manifiesto de fe en el camino y mi renuncia absoluta a la posada. Es la confesión de alguien que ha decidido que prefiere perderse a llegar.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 11
  • Usuarios favoritos de este poema: CARMEN DIEZ TORÍO, Daniel Omar Cignacco, Antonio Pais, El Hombre de la Rosa, Salva45, Mauro Enrique Lopez Z.
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