La verdad no tintinea sobre la mesa
ni habita el ámbar que paraliza la luz.
Acaso sea la inclinación del cuerpo
un segundo antes de tocar el fondo del cajón,
la pregunta que se curva sobre el mapa
buscando, apenas, una dirección.
Duda el péndulo entre los metales.
Quebramos la rama verde
para descubrir su médula de viento.
Tengo una sed que excava pozos en el aire.
Prefiero ser el eco deformado,
el arco tenso que olvidó su flecha.
Una llama que solo sabe
arder en el movimiento,
ignorando la ceniza.