No hubo banderas ni redobles,
fue un encuentro de esos, de a pie,
donde el azar nos puso frente a frente
sin pedirnos permiso ni darnos tregua.
Tú traías tu historia a cuestas
y yo, mi soledad de domingo por la tarde.
Lo que empezó como un trámite del destino,
un "hola" que pudo ser olvido,
se nos fue quedando en las manos,
en los ojos, en las ganas de no irse.
Dejamos atrás la cortesía de lo extraño
para entrar en el desorden de lo nuestro.
Y así, sin darnos cuenta,
lo casual se nos volvió costumbre,
lo trivial se transformó en refugio.
Cambiamos el vértigo del primer día
por la paz de reconocernos en el silencio,
por la patria pequeña de una casa
donde el café sabe a nosotros
y la vida se cuenta por inviernos compartidos.
Fue un milagro a fuego lento:
descubrir que el amor de mi vida
no era un relámpago en el cielo,
sino tu mano buscando la mía,
cada día,
sobre la mesa de siempre.
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 13 de mayo de 2026 a las 11:38
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 18
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, Antonio Pais, Pato_EHD, Lualpri, Sheilo Sanz, Nelaery, Tito Rod, alicia perez hernandez, Pedro Novoa Pavon Novoa, JoseAn100

Offline)
Comentarios1
Hermoso relato! me encantó.
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