José Luis Barrientos León

Inventario de un asombro

 

No hubo banderas ni redobles,

fue un encuentro de esos, de a pie,

donde el azar nos puso frente a frente

sin pedirnos permiso ni darnos tregua.

 

Tú traías tu historia a cuestas

y yo, mi soledad de domingo por la tarde.

Lo que empezó como un trámite del destino,

un \"hola\" que pudo ser olvido,

se nos fue quedando en las manos,

en los ojos, en las ganas de no irse.

 

Dejamos atrás la cortesía de lo extraño

para entrar en el desorden de lo nuestro.

Y así, sin darnos cuenta,

lo casual se nos volvió costumbre,

lo trivial se transformó en refugio.

 

Cambiamos el vértigo del primer día

por la paz de reconocernos en el silencio,

por la patria pequeña de una casa

donde el café sabe a nosotros

y la vida se cuenta por inviernos compartidos.

 

Fue un milagro a fuego lento:

descubrir que el amor de mi vida

no era un relámpago en el cielo,

sino tu mano buscando la mía,

cada día,

sobre la mesa de siempre.