Cada mañana escucho el rugir de las hojas
que azota el cuerpo y al viento,
entre los murmullos de la hierba
y la piedra que lleva una voz colérica.
Se
acaba
la noche desierta
y comienza
la senda boscosa:
me
desarmo
poco a poco
ignorando
mi
propia
dolencia
y se me escapa el pasado.
Cada mañana es un imperio marcado por las nubes,
un solsticio que me desnuda, como las aves y aprendí de ellas la más inefable forma
de desnudarme
practiqué las más sublimes orgías
y me escurrí entre
el canto y la lluvia.
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Autor:
Jean Verlaine Rimbaud (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 12 de mayo de 2026 a las 20:52
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Sheilo Sanz

Offline)
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