Jean Verlaine Rimbaud

Sin título

Cada mañana escucho el rugir de las hojas

que azota el cuerpo y al viento,

entre los murmullos de la hierba

y la piedra que lleva una voz colérica.

Se

acaba 

la noche desierta

y comienza

la senda boscosa:

me

desarmo 

poco a poco

ignorando 

mi 

propia

dolencia

y se me escapa el pasado.

Cada mañana es un imperio marcado por las nubes,

un solsticio que me desnuda, como las aves y aprendí de ellas la más inefable forma

de desnudarme

practiqué las más sublimes orgías

y me escurrí entre

el canto y la lluvia.