Una mañana, el frío amaneció con el corazón apretado.
Sentía que todos lo evitaban,
como si su nombre fuera sinónimo
de noches vacías y melancolía.
Herido por esa fama injusta,
emprendió un viaje sin rumbo,
buscando algún rincón en el mundo
donde no lo miraran con desdén.
Pero por cada pueblo que cruzaba,
lo recibían con la misma tristeza:
como a un visitante que trae soledad.
Y fue entonces, casi por accidente,
que encontró una luz encendida detrás de una ventana.
Se acercó curioso, y allí los vio:
dos enamorados envueltos en una manta,
perdidos en un abrazo que parecía infinito,
mirándose como si el resto del mundo
ya no existiera.
El frío sintió algo nuevo,
algo que jamás había entendido.
En esa escena descubrió su secreto:
no era un castigo, ni un presagio de abandono.
También podía ser refugio, cercanía y
la excusa perfecta para dos corazones
que buscan estar más juntos.
Y así lo comprendió por fin:
el frío no es soledad…
El frío es amor,
cuando se tiene a la persona correcta
para recibirla entre los brazos.

Offline)
Comentarios1
Precioso poema, poesia en todo su esplendor.
Dios te bendiga.
Muchas gracias hermano, estaré publicando más poemas guardados que tengo.
Que Dios te bendiga también.
Heavy, te leo.
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