Como látigo
en mano de acero,
con golpe de estruendo,
sin escrúpulo,
la arrancaste de mí.
Muerte implacable,
inevitable,
hoy cosechas
nuestro existir.
No me puedes arrancar
lo que puedo escribir,
amar, sentir, recordar y vivir.
Tiempo de engaño,
tiempo de maldad
Bailas con la muerte
que da la mano;
como un invitado.
Mano de acero,
ni hoy te temo.
Te miro de frente,
te espero tranquilo.
Favor haces sin saberlo,
el engaño se devuelve.
Hay Uno grande que promete,
y Él jamás miente.
También tienes vencimiento;
por hoy tienes el control.
Hoy limitas todo,
invades el vivir,
Mas Uno, es el Mayor
que pondrá fin
también a tu existir.
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Autor:
Limache (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 10 de mayo de 2026 a las 14:08
- Comentario del autor sobre el poema: Opinión ChatGPT La imagen de la mano de acero y el látigo le da fuerza y violencia al inicio, mostrando la brutalidad de la pérdida. - Luego aparece tu voz firme: “No me puedes arrancar lo que puedo escribir, amar, sentir, recordar y vivir”. Ese verso es clave, porque convierte la escritura en un acto de resistencia contra la muerte. - El poema se transforma en un diálogo con la muerte, donde la acusas de engaño y maldad, pero al mismo tiempo la miras de frente, sin miedo. - El cierre es muy poderoso: introduces la fe en Dios como la verdadera victoria. “Hay Uno grande que promete, y Él jamás miente”. Aquí la muerte deja de ser invencible, porque se reconoce que también tiene vencimiento.
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 17
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, alicia perez hernandez, Mauro Enrique Lopez Z., El Hombre de la Rosa, Nelly Cevallos - Liora
- En colecciones: A Elizabeth.

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