Bajo el sudario de una niebla que muerde,
donde el mundo es un eco que se extingue,
mi voluntad insomne, piedra verde
bebe el veneno que la duda finge.
No busco el brillo de la joya ajena,
ni el aplauso que el viento desbarata;
soy el obrero de mi propia pena,
el que en el frío su jardín rescata.
La disciplina es un cordel de acero,
un látigo de seda... y de ceniza;
morder el llanto es el único sendero,
mientras el alma el lodo solemniza.
Qué irónico resulta el paso breve:
beber la sombra para hallar el rastro,
limpiarse el alma con la misma nieve
que carga el cuerpo como un viejo lastro.
Agradezco el cansancio, ese perro fiel,
que me ladra al oído que estoy vivo;
cada grieta en la mano, en el papel o en la piel,
es el sello de un espíritu indómito... y cautivo.
He aquí la paradoja que me habita:
necesito el naufragio para elevarme,
y en esta soledad, que es infinita,
me quiebro solo para reencontrarme.
No pido templos, ni cielos, ni altares,
solo el silencio del hombre que entrena;
mientras otros navegan por los mares,
yo esculpo el mármol de mi propia pena.
El éxito no es un rayo que nos hiere,
es la paciencia que madura el grano;
solo aquel que en su sombra no se muere,
toca la gloria con su propia mano.
JTA.
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Autor:
jtaltuve (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 10 de mayo de 2026 a las 11:58
- Comentario del autor sobre el poema: Queridos lectores: Este poema no fue escrito con tinta, sino con el sudor de las horas invisibles. Nació de observar la estética del sacrificio solitario: esa imagen del hombre que se enfrenta al mundo cuando la niebla todavía intenta borrarlo. Me inspiró la crudeza de vernos vulnerados por trabajos que no nos sostienen, sino que nos quebrantan. Esas jornadas que parecen diseñadas para doblegarnos, donde la única opción es morder las ganas de llorar y tragar el dolor en seco, dejando que las lágrimas se desvanezcan antes de que alguien note nuestra fragilidad. He utilizado la sinestesia para que puedas escuchar el cansancio y tocar el silencio. En este texto, el cuerpo y el espíritu viven una paradoja constante: el cuerpo grita por detenerse, pero el alma, soberana y terca, susurra que un paso más es la diferencia entre existir y vivir. Quiero que este poema sea tu liturgia privada. Que cuando sientas que las voces del mundo intentan silenciar tu esfuerzo, estas palabras te devuelvan la autoridad. Quiero recordarte que, aunque seas un cautivo de la fatiga y de la carne, eres el soberano absoluto de tu destino. He escrito esto para decirte que tu lucha silenciosa tiene una belleza que compite con las estrellas. Si alguna vez sientes que el mundo está en tu contra y que tus fuerzas se agotan, lee esto y recuerda: el cansancio no es tu límite, es la prueba sagrada de que sigues al mando. JTA.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Sergio Alejandro Cortéz, Osler Detourniel, Antonio Pais, Sheilo Sanz, JoseAn100

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