jtaltuve

LA ARQUITECTURA DEL ABISM

Bajo el sudario de una niebla que muerde,
donde el mundo es un eco que se extingue,
mi voluntad insomne, piedra verde
bebe el veneno que la duda finge.

No busco el brillo de la joya ajena,
ni el aplauso que el viento desbarata;
soy el obrero de mi propia pena,
el que en el frío su jardín rescata.

La disciplina es un cordel de acero,
un látigo de seda... y de ceniza;
morder el llanto es el único sendero,
mientras el alma el lodo solemniza.

Qué irónico resulta el paso breve:
beber la sombra para hallar el rastro,
limpiarse el alma con la misma nieve
que carga el cuerpo como un viejo lastro.

Agradezco el cansancio, ese perro fiel,
que me ladra al oído que estoy vivo;
cada grieta en la mano, en el papel o en la piel,
es el sello de un espíritu indómito... y cautivo.

He aquí la paradoja que me habita:
necesito el naufragio para elevarme,
y en esta soledad, que es infinita,
me quiebro solo para reencontrarme.

No pido templos, ni cielos, ni altares,
solo el silencio del hombre que entrena;
mientras otros navegan por los mares,
yo esculpo el mármol de mi propia pena.

El éxito no es un rayo que nos hiere,
es la paciencia que madura el grano;
solo aquel que en su sombra no se muere,
toca la gloria con su propia mano.

JTA.