Aún aguardo un signo, una sílaba apenas, algo que insinúe que aún puedo volver a contemplar la cadencia de su esencia;esa que despertaba en mí la insolencia apaciguada y aquella ironia disfrazada entre palabras ligeras.
No era únicamente su presencia, sino el reflejo que habitaba en ella, la extraña libertad de sentirme intacta, sin máscaras ni silencios impuestos, con la palabra desnuda y el pensamiento libre.
Pero fue justamente esa franqueza la que rozó demasiado hondo su alma y termino un pensamiento adquirido incapaz de resistir la verdad.
Ignoro si aún persiste un recuerdo, donde el tiempo parecía disolverse entre la quietud y el desdén.
Y si aún queda algún vestigio de aquello, retorne aquello indefinible que alguna vez supo habitar entre las palabras.
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