No era únicamente su presencia,
sino el reflejo que habitaba en ella,
la extraña libertad de sentirme intacta,
sin máscaras ni silencios impuestos,
con la palabra desnuda
y el pensamiento libre.
Pero fue justamente esa franqueza
la que rozó demasiado hondo su alma
y termino un pensamiento adquirido
incapaz de resistir la verdad.
Ignoro si aún persiste un recuerdo,
donde el tiempo parecía disolverse entre la quietud y el desdén.
Y si aún queda algún vestigio de aquello, retorne aquello indefinible
que alguna vez supo habitar entre las palabras.