Ella no practica la ablución del agua bendita,
le basta con su piel, esa frontera de uso cotidiano,
para salvarse de los domingos y del frío.
No importa que le adjudiquen defectos.
Que le objeten los años y su figura.
No comprenden que ella es la única sustancia
que no admite análisis,
más verdad que la vida misma,
más rotunda que el polvo que nos nombra.
No gasta el tiempo en el azar de las margaritas;
se sabe fruta, pulpa,
tiempo que madura sin pedir permiso.
Y cuando llega,
con ese arrullo que es un cerco invisible,
mi orgullo se declara en quiebra,
la vergüenza firma su armisticio,
y yo me rindo ante su calor como un soldado cansado.
Me ató a su pecho, oficio de labriego,
para sembrar este amor en cada seno
con una sabiduría de labios que no mienten.
Pero es en el beso , ese incendio organizado,
donde la pasión deja de ser palabra
y se vuelve una geografía de carne,
un mapa donde mis labios pierden el norte
y encuentran, por fin, su único destino.
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 8 de mayo de 2026 a las 10:39
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 34
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Daniel Omar Cignacco, Osler Detourniel, Lualpri, Sheilo Sanz, Mauro Enrique Lopez Z., El Hombre de la Rosa, El desalmado, racsonando, India De La Puente

Offline)
Comentarios1
La poesia es un arte que envuelve la escritura de sabiduria Humana estimado José Luis
Recibe un fuerte abrazo desde El Norte de España
El Hombre de la Rosa
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