Ofrendarte podría los versos más puros,
como esos que el cielo escribe en su anhelo;
no nacen del pecho, sino del asombro,
siderales, en nidos de nubes y velo.
Has de saber que no calla mi pulso.
Mis palabras extienden su ruego encendido,
auriga de luz que al Señor se apresura:
el amor no fenece, solo muda el nido.
Así que alégrate,
que el tiempo es un náufrago que nunca espera.
Sigue tal como fuiste: espectral y callado,
mientras yo lo acoso para verte en tu esfera.
No muy lejos, las campanas celebran.
Un cortejo de sombras avanza en su calma,
y mi alma, dichosa, ya habita contigo.
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Autor:
Luis Rayo (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 6 de mayo de 2026 a las 14:24
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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