Luis Rayo

PERFUME DEL ALMA

Ofrendarte podría los versos más puros,

como esos que el cielo escribe en su anhelo;

no nacen del pecho, sino del asombro,

siderales, en nidos de nubes y velo.

 

Has de saber que no calla mi pulso.

Mis palabras extienden su ruego encendido,

auriga de luz que al Señor se apresura:

el amor no fenece, solo muda el nido.

 

Así que alégrate,

que el tiempo es un náufrago que nunca espera.

Sigue tal como fuiste: espectral y callado,

mientras yo lo acoso para verte en tu esfera.

 

No muy lejos, las campanas celebran.

Un cortejo de sombras avanza en su calma,

y mi alma, dichosa, ya habita contigo.