EL DESPERTAR DE LA ETERNIDAD (soneto)

Luis Rayo

Haber vivido fue un hermoso sueño
que guía hacia los ecos del edén,
dejando que tristes penas estén
al sentir que de mí ya soy el dueño.

No sé si fui constante o fue un empeño,
ni si existí en el mundo del vaivén;
quizá la paz y luz son el sostén
que brota en el vacío del diseño.

Sin los sentidos, donde todo vibra,
¿qué se puede alcanzar del otro lado?
¿Mudez de sombra en la profundidad?

He vivido, no busco ya otra fibra
ni horas con un sabor mas amargado,
pues soy solo rastro en la eternidad.

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Comentarios +

Comentarios1

  • Javier Julián Enríquez

    Muchas gracias, estimado Luis, por este bello y reflexivo soneto que, según se desprende y percibe de él, la existencia, concebida como un ensueño de sublime belleza, se erige como faro que guía las almas hacia los vestigios del Edén. En este viaje, pues, las preocupaciones se disipan al reconocer la autoridad sobre uno mismo. Por otra parte, la constancia y el esfuerzo son valores que merecen reconocimiento, al igual que la propia incursión en la fugacidad del devenir. Sin embargo, es importante reconocer que la serenidad y la luz se presentan como los elementos fundamentales que surgen del vacío del diseño existencial. En ese marco, la reflexión sobre la trascendencia más allá de la experiencia sensorial, captada por los cinco sentidos, se entrelaza con la indagación del más allá. ¿Podría ser que una quietud sombría se aguarde en las profundidades abisales? Considerando esto, se podría decir que la vida se ha experimentado en su totalidad; ya no se anhela otra esencia ni amargura.
    Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio



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