¡Yo amo!

racsonando



¡Yo amo!

 

Estas líneas aspiran a ser trazo de un poema:

resistencia a la resistencia,

declaratoria de simpatía a la apatía;

canto enarbolado como mirada justa y humana,

frente a la torpeza y la desmemoria colectiva.

(tum… tum…)

Yo amo la lágrima,

la voz, la risa,

el susurro

y el grito,

(voz… risa… grito…)

campanas, viento,

vuelo, brazo, corazón y mano.

Yo amo al hombre:

padre, madre, hijos, hermanos.

Yo amo a los que se atreven —raros—,

semillas de un universo redondo y plano.

Yo amo al sabio y al necio,

al que duda, al que se quiebra,

al que se levanta.

Yo amo al maestro que siembra preguntas,

Yo amo al poeta —loco—

que cultiva utopías,

 Yo amo al político,

sí… 

al que recuerda que el poder es servicio

y no vitrina

donde la mano no lava la otra,

la nombra, la hunde;

(la nombra… la hunde…)

y también al que se pierde en su espejo,

al que olvida la voz del pueblo

y negocia la memoria,

porque incluso en su sombra

se revela la fragilidad y lo mundano.

Yo amo incluso al que no ama,

al que endurece el pecho

y levanta muros de cansancio

 porque también en él tiembla…

tiembla… tiembla… 

escondida… 

escondida…

esta forja extraña… 

forja… extraña… 

de lo humano. 

 

Racsonando Ando / Oscar Arley Noreña Ríos.
  •  
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  • Autor: Racsonando (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 5 de mayo de 2026 a las 13:35
  • Comentario del autor sobre el poema: ¡Yo amo! no es un poema de complacencia: es una toma de posición. Una declaración que se levanta, no desde la ingenuidad, sino desde una lucidez que decide, aun así, amar. Estas líneas se construyen como un manifiesto en tensión: resistir a la resistencia misma, romper la inercia de la apatía y confrontar, sin estridencias vacías, la torpeza y la desmemoria colectiva. El poema no niega la fractura del mundo; la nombra, la atraviesa y, en ese gesto, la humaniza. El “yo amo” que se repite no es simple afirmación: es ritmo, latido, insistencia. Como un pulso —tum… tum…— que organiza la experiencia y convoca múltiples voces. En su tejido aparecen figuras esenciales: el maestro que siembra preguntas, el poeta que cultiva utopías, el político en su doble condición —servicio y espejo—, y, sobre todo, la multitud anónima de lo humano en sus contradicciones. La ruptura del lugar común —“la mano no lava la otra, la nombra, la hunde”— introduce un quiebre crítico que evita el panfleto y abre una lectura más profunda: el reconocimiento de lo corruptible, de lo frágil, de lo inevitablemente mundano. Hacia el cierre, el poema se recoge y se expande a la vez. La voz se fragmenta, se vuelve coral, susurrada, casi íntima, hasta revelar una certeza que no pretende redimir, sino comprender: “esta forja extraña de lo humano.” En su dimensión sonora, ¡Yo amo! se proyecta como experiencia: no solo se lee, se escucha, se respira, se comparte. Es un poema que pide escena, que convoca cuerpos y voces, que transforma la palabra en acto colectivo. Amar, aquí, no es consuelo. Es una forma de conciencia.
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 14
  • Usuarios favoritos de este poema: Poesía Herética, Freddy Kalvo, Éusoj Nidlaj, Osler Detourniel, Llaneza, Antonio_cuello, Lualpri, Mauro Enrique Lopez Z., MISHA lg, leo albanell
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Comentarios +

Comentarios1

  • Dulce

    Amar desde la consciencia es inalterable desde la conciencia del ego. Que lindo lo escribes con un amor total e incondicional, abrazo alado



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