Agobiado de la noche,
testigo de su insomnio,
abre camino a su juicio
en el pilar más alto de vida.
¿Qué es un centinela a ojos de la vida,
que la misma muerte nos depara?
Con un vino nos funde
la paz que nadie nos ha dado.
Si tuviera en sus manos
aquella ira por la vida,
sabría que este centinela pactaría
con el fin de existir para ella.
Oh, oh centinela,
que buscas a la deriva;
si aquellas rosas nacen del fuego eterno,
al igual que tu alma, os consumís en carne y hueso.
Centinela de hierro y bronce,
oxidado del mañana, cubre
todas las heridas de su necedad:
proteger a la luna sin mártir ni presencia.
A miles de estrellas observáis,
al centinela que, embriagado,
pide un momento más para vivir,
para rendir su vida a la bella infinitud.
La muerte susurra al ruin centinela:
«¿Serás feliz si al menos me llevo tus lágrimas?».
El centinela no tuvo más remedio
que pasar su última noche atado a su vida.
Ford George
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Autor:
Ford George (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 4 de mayo de 2026 a las 05:30
- Categoría: Naturaleza
- Lecturas: 1
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
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