Ford George

Centinela

Agobiado de la noche,

testigo de su insomnio,

abre camino a su juicio

en el pilar más alto de vida.

 

​¿Qué es un centinela a ojos de la vida,

que la misma muerte nos depara?

Con un vino nos funde

la paz que nadie nos ha dado.

 

​Si tuviera en sus manos

aquella ira por la vida,

sabría que este centinela pactaría

con el fin de existir para ella.

 

​Oh, oh centinela,

que buscas a la deriva;

si aquellas rosas nacen del fuego eterno,

al igual que tu alma, os consumís en carne y hueso.

 

​Centinela de hierro y bronce,

oxidado del mañana, cubre

todas las heridas de su necedad:

proteger a la luna sin mártir ni presencia.

 

​A miles de estrellas observáis,

al centinela que, embriagado,

pide un momento más para vivir,

para rendir su vida a la bella infinitud.

 

​La muerte susurra al ruin centinela:

«¿Serás feliz si al menos me llevo tus lágrimas?».

El centinela no tuvo más remedio

que pasar su última noche atado a su vida.

 

Ford George