ENTRE MIS BRAZOS Y TU AUSENCIA

Luis de leon

Te amo de esa forma callada

con la que aman los hombres

cuando ya no quedan palabras,

cuando el sentimiento pesa tanto

que se vuelve nudo en la garganta

y aun así se guarda silencio

para no incomodarte.

Te amo en lo simple,

en la rutina de imaginarte conmigo,

en el café servido para dos

aunque una taza siempre termine intacta,

en la idea necia de un hogar compartido,

de despertar a tu lado

y descubrir que el mundo cabe completo

en la curva tranquila de tu espalda.

Te he amado en cada intento,

en cada detalle pequeño

que he dejado frente a ti

como quien pone flores

a la entrada de un templo

esperando que algún milagro ocurra.

Te he amado con esa terquedad

que solo conoce quien entrega el alma

aunque sepa, desde el principio,

que está luchando contra un fantasma.

Porque mientras yo te soñaba conmigo,

mientras construía futuros

con tus risas y mis ganas,

había otro nombre viviendo en tu pecho,

otro recuerdo ocupando el espacio

que yo quise llenar con todo lo que soy.

Y duele.

Duele mirarte sonreír

y saber que esa sonrisa

nunca nació por mí.

Duele abrazarte

y sentir que entre nosotros

siempre existe una distancia invisible,

como un muro hecho

de memorias ajenas,

de besos que no fueron míos,

de promesas que le pertenecen a otro.

Yo quise ser hogar

para tus inviernos.

Quise ser refugio

cuando la nostalgia te quebrara.

Quise ser el hombre

que te hiciera olvidar heridas,

el que con paciencia y ternura

te enseñara que el amor también puede quedarse.

Pero hay batallas

que se pierden antes de comenzar.

Porque uno no compite

contra alguien que está ausente

pero vive intacto

en el corazón de quien ama.

Y he tratado, créeme.

He puesto de mí

más de lo que sabía dar.

He aprendido tus silencios,

he descifrado tus tristezas,

he querido curarte

con la torpeza noble

de quien ama de verdad.

Pero por más que me acerco,

sigues mirando hacia otro lado.

Por más que te entrego mis días,

sigues esperando otras manos.

Por más que te nombro en mis sueños,

tu corazón sigue respondiendo

a un eco que no soy yo.

Y entonces me pregunto

qué le digo a este amor terco

que insiste en pronunciar tu nombre

como si al hacerlo

pudiera cambiar el destino.

Cómo le explico a mi pecho

que no basta amar con el alma

cuando el alma del otro

ya tiene dueño.

Cómo convenzo a mis noches

de dejar de imaginarte dormida a mi lado,

si hasta en mis sueños

te sigo viendo marcharte.

A veces quisiera odiarte

solo para arrancarte de mí,

pero el amor verdadero

no sabe vestirse de rencor.

Por eso solo me queda

mirarte con esta tristeza limpia,

con este cariño inmenso

que aun roto

sigue deseándote paz.

Si algún día entiendes

cuánto te amé,

quiero que sepas

que no hubo mentira en mis manos

ni egoísmo en mis abrazos.

Todo lo que te di

fue real.

Cada palabra,

cada desvelo,

cada esperanza absurda

de que un día me miraras

como yo te miraba.

Quizá en otra vida,

en otro tiempo,

cuando tu corazón no estuviera ocupado

y el mío no llegara tan tarde,

habríamos sido historia.

Habríamos sido casa,

risa, complicidad,

un amor de esos

que envejecen juntos

sin miedo al calendario.

Pero en esta vida

me tocó quererte así:

desde la orilla,

viendo cómo tus ojos

buscan a alguien más.

Y aunque me duela aceptarlo,

amar también significa

dejar ir aquello

que jamás nos perteneció.

Así que me quedaré

con lo bonito de haberte sentido,

con la certeza

de que fui capaz

de amarte con todo.

Y cuando la noche pregunte por ti,

cuando el silencio quiera nombrarte,

le diré a mi corazón

que no te olvide por despecho,

sino por dignidad.

Porque aunque te ame

como nunca he amado a nadie,

merezco un amor

que me mire de frente

y me elija

sin estar pensando en otro.

Ver métrica de este poema
  • Autor: Luis de leon (Offline Offline)
  • Publicado: 2 de mayo de 2026 a las 01:38
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos




Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.