Ayer me puse a llorar,
con la noche por testigo,
y en cada lágrima amarga
se alargaba mi suspiro.
Cada gota era un segundo
que dolía más que el frío,
y el tiempo, lento y oscuro,
se volvía un infinito.
Y en ese instante preciso,
tu recuerdo me encontraba,
como un soplo de aire fresco
que mi corazón anhelaba.
Te busqué en cada silencio,
en el abismo del olvido,
y al final estabas siempre
rozando todos mis sentidos.
Y aquí sigo, a la deriva,
pero me niego a sucumbir,
porque incluso en las cenizas
vuelve el fuego a revivir.
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Autor:
rafaahijones (
Offline) - Publicado: 1 de mayo de 2026 a las 13:47
- Categoría: Amor
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Mauro Enrique Lopez Z.

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