“Desde la infancia, nunca he negado mi invencible propósito. Oh, vigilante silencioso, ojo del Universo que no duerme, ¡vigila el inicio de todas mis ideas!”
Austin Osman Spare
¿Quiénes han osado anclarme a la dualidad?
¿Quiénes han hecho de mí un siervo del falso Dios
Deseo encadenado, pueril pulsión de muerte?
Ellos no conocen el principio que subyace al misterio
La piel fundida tras las encantaciones
El tampoco es la chispa que suspende la pugna
Que destraba la hipnosis del porvenir
¿Quiénes me inducen al trance de lo real
Con todo su cruento sarcasmo y carnicería?
Yo solo deseo conducirme por el camino que siempre me he conducido
Y que me ha llevado más allá del punto al cual no pretendo volver
Yo solo deseo sin otro significante que mi propio camino incierto
Hago llegar mi megáfono solista ante las antenas del mundo
Con toda su modernidad estertórea
Y polemizo de nuevo mi ser ventrílocuo rumbo a la caverna
La única caverna, la caverna de adentro
donde no corren máquinas ni mecanismos enajenantes
Solo el éxtasis de saberse inducido por lo ominoso
Entre puntas de cristales que caen desde todos lados
Me regocijo en la pérdida progresiva de los apegos
Y miro a través de una filmografía bizarra
Las sombras que sobresalen de los monolitos
Las ausencias que fornican a espaldas de sus huéspedes
Juro haberte visto entre tales imágenes y sombras
pero no reconocí nada más que un reflejo opaco
¿Es ese el tampoco del que hablaba el mago oscuro?
¿Tendré que negarme a mí mismo
Negarlo todo una y otra vez
Negar esta misma negación
Negar el principio y el final de lo que pudo ser
Negar la caverna en la que me perdí
Creyendo encontrar una respuesta
Negar la experiencia del choque en el asfalto
Y el golpe sanguinario de la decepción
El amor prostituido, la violencia poética?
Toda ella es mi constante opuesto a los opuestos
La búsqueda perenne acaba siendo esa incansable negación
De la burlesca apariencia, de la esencia travestida
la feria del ying yang que me obliga a desechar y recibir
la leche podrida derramada sobre mujeres que ya no existen
sino como fósiles en la memoria del corazón
o que todavía existen para perpetuar el ciclo venenoso
solo como figuraciones de la propia caverna
proyecciones más o menos encantadoras del ego sensible
Es tal ese principio negador, ese tampoco mágico
Es tal el miembro que inhibe al flemático
que combate al tirano exterior y procura al demonio interior
que resguarda al yo cual diamante negro
¿Será esa negación toda la poesía posible?
¿Será posible la poesía en esa negación?
Mientras tanto, caigo hondo en lo profundo de la mazmorra
Una culebra se mueve rastrera en las curvas
Chapotea en el agua estancada
Y forma un círculo perpetuo en su equivalencia
La equivalencia supone una forma, un ser frente al otro
y aquello que equivale supone una causa, un amo
¿Existen causas más allá de nuestro entendimiento?
¿Existen amos más allá de nuestras fuerzas?
Renunciar a las viejas vibraciones, porque ya no quedan allí
Agujeros que sortear ni otra carne trémula
Titiriteros de otros ayeres condensan intensidades de espacio
y quizás la caverna sea otra aberración cuántica
y este delirio y esta obsesión una trampa de lo absoluto
la sed de un jardín que ya olvidó su luz
porque la luz ha palidecido y ha perdido su contorno
así mismo, yo palidezco, mi yo palidece y se vuelve
el pliegue de una curvatura todavía incomprensible
¿Habrá otro límite que el de esa curvatura?
cada uno es el pliegue de sí mismo
y sondea su movimiento en la ondulación de ese vacío
Siendo así, las redes del amo pasarían a ser una posibilidad
entre la inmensidad de los pliegues, luego el amo no existe
solo es el mago haciendo valer su voluntad arcana
con sus sellos y sus invocaciones
y la caverna, como la realidad, se observa a sí misma
otra vez, sin causa última ni tesoro bajo la tierra
aquella voluntad, aquella prestidigitación
puede ser la espada agreste de mis exabruptos
de las invectivas contra mis rivales
pero ya perdí el pulso, porque ya me perdí a mí mismo
al momento de nombrar a los otros
con toda su ausencia tenebrosa y su multitud avasallante
me obligo a volver sobre mí, me obligo a desandar la ruta del hastío
porque ya no quedan amos en la frontera
solo mercenarios de la materia
que conspiran y balbucean su narrativa escatológica
Entonces ¿qué hay del numen?
¿qué de la conciencia? ¿qué de la belleza? ¿qué de las palabras?
¿habrá que negarlas de nuevo
Y depurarlas de su mantra oxidado?
¿Será esa negación toda la poesía posible?
¿Será posible la poesía en esa negación?
No hay otra poesía que el no
Te niego las veces que sea necesario
Hasta que pueda regresar al punto inexorable
Al punto climático divorciado del tiempo
Es justo ese principio, el principio del tampoco
El principio que necesito, el principio que reafirma
de forma paradójica, el libre albedrío
si es que acaso aún sea posible
algún acto performativo en este vertedero de silencio
el libre nadío se vuelve lo esencial
la réplica de unos nuevos pliegues
¿Y qué es lo que permanece como espada?
¿Qué es lo que se alza firme y vertical todavía
Entre tanta inconsistencia y relativismo?
sería un error atribuirlo al principio de equivalencia
puesto que su resolución, el amo, es falsa y etérea
aunque perpetúe la maldición de lo dual
¿No tendría que mirar más allá del panel fílmico
Doblar hacia el túnel donde el fuego pierde su combustión?
Y creo que ya no siento como antes
juro que ya no me ato a los pliegues
y el problema sigue siendo la curvatura de la caverna
que deja al desnudo un mal atávico
un órgano perdido que mana
desde el filo de la espada arrojada al fondo
¿Es ese órgano la cabeza del amo?
¿Mi excrecencia interior o tu corazón sangrante?
¡Tal órgano es la respuesta, pero no tiene nombre
y todo y nada lo antecede!
Creo que ya no puedo seguir articulando
Otra palabra más en este galimatías
En este laberinto de impudicia retórica
Me siento todavía demasiado pequeño
Como para creerme el héroe de mi propia soberanía
Aún puedo negarme otra vez,
Porque en la negación hay una sal secreta
y puedo desaparecer de nuevo temprano en la mañana
como el gallo que vocifera cada mañana
su inmenso aburrimiento por el Sol
¿Será acaso el gallo un amo renacido?
un rotundo no se deja escuchar entre los pliegues
él no existe sino como energía cuando muere la noche
y comienzo el día siendo el héroe de la impermanencia
¿Condición para estar dentro del juego?
No, sólo es la espada la que me ha llevado
a abrazar uno de los tantos pedazos de mí mismo
¡Tal es mi hazaña! Ser megáfono de la soledad
héroe sin hazaña ni estribillo
Desde la periferia del mundo asalta la duda
Regreso al principio del tampoco, a la recta acción negativa
Porque me sirve para delimitar el espacio en blanco
Entre lo dual y la conciencia
Otro soplo de negación antes de cerrar los ojos
y aún no logro dejar de moverme
La quietud se hace funesta, sabe a féretro
la luz del alba cae sobre lo dual y la conciencia
Pero no encuentro nada sólido para la negación
¿Qué me separa del resto de las cosas del mundo?
¿Qué necia determinación me pone a la contra
Siendo esa emanación rival un imaginario?
Se trata de un azar, un azar unilateral
Que socava la introspección e irrumpe en la caverna
Manipulando cada uno de los pixeles y fotogramas
De la película que es el Yo, proyectada al fondo del túnel
Fracciones enteras de la misma indefinida fuente
salta la duda cual fugitiva nocturna
y el amo se hace presente como hijo del error o la vergüenza
¿Es la vergüenza la que me impele a la negación?
¿Es la vergüenza la que parte la caverna
Y manda entre espacios de infinito?
¿Es la vergüenza misma un infinito?
No: el infinito se envuelve a sí mismo
y envuelve a la vergüenza que pasa a ser pliegue
y envuelve a su vez como la caverna toda
Un filo metafísico que haya cortado al tampoco
La espada que haya dividido mi interior
¿No supone pues un ejecutor o una voluntad?
No: se trata solo de un juego de niños cósmicos
dentro de una fiesta de caos
Entonces ¿para qué el tampoco?
La emergencia podría ser la respuesta
La emergencia dentro del tonelaje de las palabras
que se masturban en caverna
ante su propia ausencia y presencia
Pero el tampoco, su negación, sigue intraducible
no queda nada, ni ocaso ni dragón espurio
y termino de lavarme el rostro con agua de maldiciones
frente al espejo de lo irrevocable
extirpando los últimos rastros de tu lujuria
ante la cual acabo suspendido
negando el propio principio que me condujo
a este destello gris y a este vórtice
sin otro ritmo que el de la disolución
Así, en esta jornada de sinsentidos y contra sentidos
me trago el orgullo y aprendo a resucitar
como el gran gallo, el héroe de mi mismo
y termino de derramar mi sangre
sobre cuerpos e historias que aún no existen
y que están destinadas a terminar de manera escabrosa
Luego me vuelvo frenético
Un signo exclamativo para mis rivales
Un signo de interrogación para mis cómplices
En especial para todo y todos
Ya no pueden separar entre figura y genio
y yo ya no puedo ser uno sin el mundo
canto, muero y el enigma subyace.
…
Necio frente a los avatares del siglo
tampoco sigue siendo el yo que se basta
y sostiene a sí mismo completa y eternamente
porque “para mí, no hay camino excepto mi camino
por lo tanto, vayan ustedes por su camino
nadie los guiará para caminar hacia ustedes mismos
¡permitan que sus placeres sean como puestas de sol
HONESTOS . . SANGRIENTOS . . . GROTESCOS!” (Anatema de Zos).
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Autor:
Salvador Galindo (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 1 de mayo de 2026 a las 10:12
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: Lualpri, Mauro Enrique Lopez Z., Salva45, El Hombre de la Rosa

Offline)
Comentarios1
La poderosa genialidad de tu pluma se mece en el laberinto de la buena poesia estimado Salvador
Recibe un abrazo de Críspulo desde España
El Hombre de la Rosa
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