Salvador Galindo

El descenso de Zos

“Desde la infancia, nunca he negado mi invencible propósito. Oh, vigilante silencioso, ojo del Universo que no duerme, ¡vigila el inicio de todas mis ideas!”

Austin Osman Spare


¿Quiénes han osado anclarme a la dualidad?

¿Quiénes han hecho de mí un siervo del falso Dios

Deseo encadenado, pueril pulsión de muerte?

Ellos no conocen el principio que subyace al misterio

La piel fundida tras las encantaciones

El tampoco es la chispa que suspende la pugna

Que destraba la hipnosis del porvenir

¿Quiénes me inducen al trance de lo real

Con todo su cruento sarcasmo y carnicería?

Yo solo deseo conducirme por el camino que siempre me he conducido

Y que me ha llevado más allá del punto al cual no pretendo volver

Yo solo deseo sin otro significante que mi propio camino incierto

Hago llegar mi megáfono solista ante las antenas del mundo

Con toda su modernidad estertórea

Y polemizo de nuevo mi ser ventrílocuo rumbo a la caverna

La única caverna, la caverna de adentro

donde no corren máquinas ni mecanismos enajenantes

Solo el éxtasis de saberse inducido por lo ominoso

Entre puntas de cristales que caen desde todos lados

Me regocijo en la pérdida progresiva de los apegos

Y miro a través de una filmografía bizarra

Las sombras que sobresalen de los monolitos

Las ausencias que fornican a espaldas de sus huéspedes

Juro haberte visto entre tales imágenes y sombras

pero no reconocí nada más que un reflejo opaco

¿Es ese el tampoco del que hablaba el mago oscuro?

¿Tendré que negarme a mí mismo

Negarlo todo una y otra vez

Negar esta misma negación

Negar el principio y el final de lo que pudo ser

Negar la caverna en la que me perdí

Creyendo encontrar una respuesta

Negar la experiencia del choque en el asfalto

Y el golpe sanguinario de la decepción

El amor prostituido, la violencia poética?

Toda ella es mi constante opuesto a los opuestos

La búsqueda perenne acaba siendo esa incansable negación

De la burlesca apariencia, de la esencia travestida

la feria del ying yang que me obliga a desechar y recibir

la leche podrida derramada sobre mujeres que ya no existen

sino como fósiles en la memoria del corazón

o que todavía existen para perpetuar el ciclo venenoso

solo como figuraciones de la propia caverna

proyecciones más o menos encantadoras del ego sensible

Es tal ese principio negador, ese tampoco mágico

Es tal el miembro que inhibe al flemático

que combate al tirano exterior y procura al demonio interior

que resguarda al yo cual diamante negro

¿Será esa negación toda la poesía posible?

¿Será posible la poesía en esa negación?

Mientras tanto, caigo hondo en lo profundo de la mazmorra

Una culebra se mueve rastrera en las curvas

Chapotea en el agua estancada

Y forma un círculo perpetuo en su equivalencia

La equivalencia supone una forma, un ser frente al otro

 y aquello que equivale supone una causa, un amo

¿Existen causas más allá de nuestro entendimiento?

¿Existen amos más allá de nuestras fuerzas?

Renunciar a las viejas vibraciones, porque ya no quedan allí

Agujeros que sortear ni otra carne trémula

Titiriteros de otros ayeres condensan intensidades de espacio

y quizás la caverna sea otra aberración cuántica

y este delirio y esta obsesión una trampa de lo absoluto

la sed de un jardín que ya olvidó su luz

porque la luz ha palidecido y ha perdido su contorno

así mismo, yo palidezco, mi yo palidece y se vuelve

el pliegue de una curvatura todavía incomprensible

¿Habrá otro límite que el de esa curvatura?

cada uno es el pliegue de sí mismo

y sondea su movimiento en la ondulación de ese vacío

Siendo así, las redes del amo pasarían a ser una posibilidad

entre la inmensidad de los pliegues, luego el amo no existe

solo es el mago haciendo valer su voluntad arcana

con sus sellos y sus invocaciones

y la caverna, como la realidad, se observa a sí misma

otra vez, sin causa última ni tesoro bajo la tierra

aquella voluntad, aquella prestidigitación

puede ser la espada agreste de mis exabruptos

de las invectivas contra mis rivales

pero ya perdí el pulso, porque ya me perdí a mí mismo

al momento de nombrar a los otros

con toda su ausencia tenebrosa y su multitud avasallante

me obligo a volver sobre mí, me obligo a desandar la ruta del hastío

porque ya no quedan amos en la frontera

solo mercenarios de la materia

que conspiran y balbucean su narrativa escatológica

Entonces ¿qué hay del numen?

¿qué de la conciencia? ¿qué de la belleza? ¿qué de las palabras?

¿habrá que negarlas de nuevo

Y depurarlas de su mantra oxidado?

¿Será esa negación toda la poesía posible?

¿Será posible la poesía en esa negación?

No hay otra poesía que el no

Te niego las veces que sea necesario

Hasta que pueda regresar al punto inexorable

Al punto climático divorciado del tiempo

Es justo ese principio, el principio del tampoco

El principio que necesito, el principio que reafirma

de forma paradójica, el libre albedrío

si es que acaso aún sea posible

algún acto performativo en este vertedero de silencio

el libre nadío se vuelve lo esencial

la réplica de unos nuevos pliegues

¿Y qué es lo que permanece como espada?

¿Qué es lo que se alza firme y vertical todavía

Entre tanta inconsistencia y relativismo?

sería un error atribuirlo al principio de equivalencia

puesto que su resolución, el amo, es falsa y etérea

aunque perpetúe la maldición de lo dual

¿No tendría que mirar más allá del panel fílmico

Doblar hacia el túnel donde el fuego pierde su combustión?

Y creo que ya no siento como antes

juro que ya no me ato a los pliegues

y el problema sigue siendo la curvatura de la caverna

que deja al desnudo un mal atávico

un órgano perdido que mana

desde el filo de la espada arrojada al fondo

¿Es ese órgano la cabeza del amo?

¿Mi excrecencia interior o tu corazón sangrante?

 ¡Tal órgano es la respuesta, pero no tiene nombre

y todo y nada lo antecede!

Creo que ya no puedo seguir articulando

Otra palabra más en este galimatías

En este laberinto de impudicia retórica

Me siento todavía demasiado pequeño

Como para creerme el héroe de mi propia soberanía

Aún puedo negarme otra vez,

Porque en la negación hay una sal secreta

y puedo desaparecer de nuevo temprano en la mañana

como el gallo que vocifera cada mañana

su inmenso aburrimiento por el Sol 

¿Será acaso el gallo un amo renacido?

un rotundo no se deja escuchar entre los pliegues

él no existe sino como energía cuando muere la noche

y comienzo el día siendo el héroe de la impermanencia 

¿Condición para estar dentro del juego?

No, sólo es la espada la que me ha llevado 

a abrazar uno de los tantos pedazos de mí mismo

¡Tal es mi hazaña! Ser megáfono de la soledad

héroe sin hazaña ni estribillo

Desde la periferia del mundo asalta la duda

Regreso al principio del tampoco, a la recta acción negativa

Porque me sirve para delimitar el espacio en blanco

Entre lo dual y la conciencia

Otro soplo de negación antes de cerrar los ojos

y aún no logro dejar de moverme

La quietud se hace funesta, sabe a féretro

la luz del alba cae sobre lo dual y la conciencia

Pero no encuentro nada sólido para la negación

¿Qué me separa del resto de las cosas del mundo?

¿Qué necia determinación me pone a la contra

Siendo esa emanación rival un imaginario?

Se trata de un azar, un azar unilateral

Que socava la introspección e irrumpe en la caverna

Manipulando cada uno de los pixeles y fotogramas

De la película que es el Yo, proyectada al fondo del túnel

Fracciones enteras de la misma indefinida fuente

salta la duda cual fugitiva nocturna

y el amo se hace presente como hijo del error o la vergüenza

¿Es la vergüenza la que me impele a la negación?

¿Es la vergüenza la que parte la caverna

Y manda entre espacios de infinito?

¿Es la vergüenza misma un infinito?

No: el infinito se envuelve a sí mismo

y envuelve a la vergüenza que pasa a ser pliegue

y envuelve a su vez como la caverna toda

Un filo metafísico que haya cortado al tampoco

La espada que haya dividido mi interior

¿No supone pues un ejecutor o una voluntad?

No: se trata  solo de un juego de niños cósmicos

dentro de una fiesta de caos

Entonces ¿para qué el tampoco?

La emergencia podría ser la respuesta

La emergencia dentro del tonelaje de las palabras

que se masturban en caverna

ante su propia ausencia y presencia

Pero el tampoco, su negación, sigue intraducible  

no queda nada, ni ocaso ni dragón espurio

y termino de lavarme el rostro con agua de maldiciones

frente al espejo de lo irrevocable

extirpando los últimos rastros de tu lujuria

ante la cual acabo suspendido

negando el propio principio que me condujo

a este destello gris y a este vórtice

sin otro ritmo que el de la disolución

Así, en esta jornada de sinsentidos y contra sentidos

me trago el orgullo y aprendo a resucitar

como el gran gallo, el héroe de mi mismo

y termino de derramar mi sangre

sobre cuerpos e historias que aún no existen

y que están destinadas a terminar de manera escabrosa

Luego me vuelvo frenético

Un signo exclamativo para mis rivales

Un signo de interrogación para mis cómplices

En especial para todo y todos

Ya no pueden separar entre figura y genio

y yo ya no puedo ser uno sin el mundo

canto, muero y el enigma subyace.

 

 

Necio frente a los avatares del siglo

tampoco sigue siendo el yo que se basta

y sostiene a sí mismo completa y eternamente

porque “para mí, no hay camino excepto mi camino

por lo tanto, vayan ustedes por su camino

nadie los guiará para caminar hacia ustedes mismos

¡permitan que sus placeres sean como puestas de sol

HONESTOS . . SANGRIENTOS . . . GROTESCOS!” (Anatema de Zos).