◇ Desde el otoño

Vientoazul

Desde el otoño

 

Gota a gota

vierte las penas

en las manos,

ya ajadas por el tiempo.

 

Y, sin embargo,

a veces, cuando camina,

pareciera que el destino

cambió la arena por ripio.

 

¡Y sí!

La diferencia

es muy cara al andar.

 

No le sirve enmascarar las penas

cuando el dolor replica:

este va dejando sus huellas.

 

El alma sabe de golpes ajenos

y los soporta, como sea;

pero es muy frágil

a las indiferencias

de la propia sangre.

 

Cruje como madera añeja

hasta mostrar astillas y grietas.

 

Se resquebraja como papel

reseco por el tiempo.

 

Ya las manos no pueden contener

tanta pena, y las lágrimas brotan

y arden al correr entre los dedos.

 

La respiración se le hace difícil,

el corazón trastabilla

en la intemperie,

las piernas se aflojan.

 

Abriendo el pecho, dice en silencio:

—Dios, aquí estoy… Llévame.

 

Pero la respuesta es solo el silencio,

como si no fuera su hora.

 

Todo vuelve a empezar.

Y entonces de nada valen sus gritos

ni sus lágrimas:

el vacío no las replica.

 

Hunde los dedos,

extrae las vísceras

despedazadas por la indiferencia

y trata de cerrar las heridas del tiempo,

tan solo colocando su cabeza

en su propio regazo,

entornando los párpados

y encendiendo la lumbre de la esperanza,

intentando, en cada día joven,

renacer de las cenizas.

 

Mas

los días pasan,

las semanas vuelan,

los meses caen

en el cuerpo,

y los años no se detienen.

 

Pero él no cambia

y solo agrega silencio

a sus silencios.

 

Mas un día el tiempo

consigue que olvide

el motivo de su pena.

Y entonces… ya será tarde

para ambos.

 

 Desde el otoño: entre la caída y la obstinación de renacer 

 

Autor:

Vientoazul 🦋⃟

©

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