No digáis que la métrica se agota,
ni que enmudece la sonora lira,
si en ondas de oro la mañana gira
y en luz divina su esplendor denota;
si el sol, que en rayos de su incendio brota,
cano velo de la nube retira,
y el aura, que entre aromas se suspira,
en el clavel su clave ignota anota.
No cesará el afán, ni el docto celo,
de inquirir los abismos más profundos,
buscando el alma en natural desvelo;
que si hay un reír libre de los mundos,
y un llanto no turba el orden del cielo,
serán mi eternidad, no ya segundos.
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Autor:
Javier Julián Enríquez (
Offline) - Publicado: 29 de abril de 2026 a las 19:17
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 27
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Hernán J. Moreyra, Una voz, Poesía Herética, alicia perez hernandez, Tommy Duque, Salvador Santoyo Sánchez, Jaime Correa, Lualpri, Sheilo Sanz, LOURDES TARRATS, JUSTO ALDÚ, 🌼⚘María García Manero ⚘🌼, El Hombre de la Rosa, David Arthur

Offline)
Comentarios4
Excelente soneto clásico.
El arte y la inspiración son infinitos, claro que sí
Saludos amigo Javier Julián Enríquez
Javier, querido amigo:
Tu poema me recuerda que la verdadera música —esa que no depende de la métrica ni del artificio— nace cuando el espíritu se atreve a mirar de frente la claridad del mundo. En tus versos, la luz no es sólo un fenómeno: es una forma de conciencia. El sol que retira velos, el aura que anota claves secretas, todo parece decirnos que la realidad sigue hablándonos incluso cuando creemos que la lira calla.
Me toca profundamente cómo enlazas lo natural con lo metafísico, lo sensible con lo eterno. Ese impulso de “inquirir los abismos más profundos” no es sólo un gesto intelectual: es una ética del alma, una fidelidad a lo que en nosotros busca sentido aun sabiendo que el sentido nunca se entrega del todo. Y en ese contraste entre el reír que libera y el llanto que no altera el orden del cielo, aparece una intuición hermosa: que lo humano, cuando es auténtico, roza lo eterno sin dejar de ser instante.
Gracias por este poema que piensa, que siente y que respira.
Es un privilegio leerte así, tan lúcido y tan humano.
Te envío un abrazo envuelto en esa luz que no se agota, porque:
POETAS SOMOS...
Bueno mi estimado, muchas gracias por este magnífico soneto. Aquí se observa que los cuartetos desarrollan esa idea apoyándose en imágenes solares y sensoriales. El sol, la mañana, el aroma: todos funcionan como pruebas de un orden subyacente que no se extingue. La métrica no se defiende desde la teoría, sino desde la observación de un universo que parece regido por ritmo y proporción. En los tercetos, el argumento se desplaza hacia lo humano. El “afán” y el “docto celo” representan la inquietud intelectual que busca sentido en lo profundo. Aquí la lógica se completa: si el universo mantiene su equilibrio —si hay risa y llanto sin romper el orden—, entonces la aspiración humana a comprender y crear también se justifica y perdura. Siendo así, la métrica deja de ser solo una técnica para convertirse en reflejo de una armonía mayor que trasciende al individuo.
Ahora bien, hay que tener claro que la evolución no niega la tradición; la reinterpreta y la poesía no es un sistema cerrado, sino un organismo que respira con su tiempo. Así como los grandes maestros trabajaron dentro de formas heredadas, también las tensaron, las variaron y, en muchos casos, las rompieron para encontrar nuevas cadencias. El verso libre, por ejemplo, no surge como rechazo absoluto, sino como otra forma de ritmo, menos visible pero igualmente construida. Incluso cuando parece caótica, la poesía contemporánea suele sostenerse en una musicalidad interna, en pausas, repeticiones o imágenes que sustituyen a la métrica clásica.
Podría decirse que la métrica no ha desaparecido, sino que se ha desplazado: de la regla fija al pulso personal. Antes estaba en el molde; ahora, muchas veces, en la respiración del poema. Y en ese tránsito, la poesía no pierde orden, sino que lo transforma.
Me despido con un fuerte abrazo hasta Valencia, España.
La genilidad alumbra tu preciado sonewto estimado poeta Valenciano y fiel compañero y amigo Javier >Julian Enriquez
Saludos desde la cuidad española de Torrelavega
El Hombre de la Rosa
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