No digáis que la métrica se agota,
ni que enmudece la sonora lira,
si en ondas de oro la mañana gira
y en luz divina su esplendor denota;
si el sol, que en rayos de su incendio brota,
cano velo de la nube retira,
y el aura, que entre aromas se suspira,
en el clavel su clave ignota anota.
No cesará el afán, ni el docto celo,
de inquirir los abismos más profundos,
buscando el alma en natural desvelo;
que si hay un reír libre de los mundos,
y un llanto no turba el orden del cielo,
serán mi eternidad, no ya segundos.