EL IMPERIO INGLÉS: PIRATERÍA, SAQUEO Y DOMINIO ULTRAMARINO

JUSTO ALDÚ


AVISO DE AUSENCIA DE JUSTO ALDÚ
Estaremos ausentes por algún tiempo.


Así fue, y conviene decirlo sin rodeos ni épica edulcorada: Inglaterra institucionalizó la piratería cuando le fue útil. No fueron simples forajidos del mar, sino corsarios con patente real, una diferencia legal muy cómoda: robar para la Corona dejaba de ser crimen y pasaba a ser “servicio al Imperio”.

 

Francis Drake es el ejemplo más claro: saqueó puertos españoles, capturó galeones cargados de oro y plata americana, y lejos de ser castigado, fue armado caballero por Isabel I. Lo mismo ocurrió con John Hawkins y otros tantos. El botín se repartía: una parte para el pirata “honorable”, otra para el Estado. Negocio redondo, moral flexible.

 

Inglaterra dio títulos nobiliarios a piratas para que robaran en nombre del Imperio. No fue un exceso aislado, sino una política sistemática: convertir el saqueo en herramienta geopolítica. El mar fue su gran escenario, y el Caribe, su tablero de caza.

 

Esto no hace a Inglaterra única ni excepcional: todas las potencias imperiales hicieron lo mismo, cada una a su manera. España con la espada y la cruz; Inglaterra con el mar, el corso y la diplomacia; Francia y Holanda no se quedaron atrás. Y Portugal mucho menos, recordemos el Tratado de Tordecillas donde claramente se adjudicaron parte del territorio Brasileño. La diferencia es que a algunos la historia los llamó “conquistadores” y a otros “héroes navales”.

 

PANAMÁ Y PORTOBELO: CIUDADES SAQUEADAS DEL IMPERIO

¿Dónde quedan?

 

Panamá y Portobelo se encuentran en el istmo de Panamá, un punto geográfico clave entre el Caribe y el Pacífico. Durante los siglos XVI y XVII fueron piezas centrales del sistema imperial español: por allí transitaba el oro y la plata del Perú rumbo a Europa. Panamá era el punto de llegada desde el sur; Portobelo, en la costa caribeña, el gran puerto de salida. Quien controlara esas ciudades controlaba la riqueza del continente.

 

¿Cuántas veces fueron atacadas?

 

Ambas ciudades fueron atacadas en múltiples ocasiones por corsarios ingleses, franceses y holandeses. No eran incursiones improvisadas: eran operaciones calculadas para debilitar al imperio rival y apropiarse de sus recursos.

 

Ataques a Portobelo

 

1596 – Francis Drake

Intentó tomar Portobelo, pero fracasó y murió poco después en la región. Aun así, dejó claro que el Caribe español era vulnerable.

 

1668 – Henry Morgan

El ataque más célebre. Morgan, corsario galés al servicio de Inglaterra, tomó Portobelo con extrema violencia. Hubo torturas, saqueos y rescates forzados.

¿Su objetivo? Oro, plata y un mensaje político: Inglaterra podía golpear el corazón del comercio español.

 

Ataques a Panamá

 

1671 – Henry Morgan

Morgan cruzó el istmo desde el Caribe y atacó Panamá la Vieja. Tras una batalla desigual, la ciudad fue saqueada.

 

¿Quién ordenó incendiar Panamá y por qué?

El incendio fue provocado por los propios defensores españoles, siguiendo órdenes del gobernador Juan Pérez de Guzmán, para impedir que la ciudad y sus riquezas cayeran intactas en manos de los corsarios. El fuego se descontroló y destruyó casi toda la ciudad. Panamá quedó en ruinas y luego fue trasladada a su ubicación actual.

 

¿Qué buscaban realmente?

 

No solo oro y plata. Buscaban:

— Romper el monopolio español

— Financiar a Inglaterra sin guerra formal

— Controlar rutas comerciales estratégicas

— Sembrar terror y desmoralización

 

El mito del altar de oro

 

Durante siglos circuló la leyenda de un altar de oro macizo escondido en Panamá o Portobelo. La historiografía moderna coincide en que no existió tal altar. El mito nació de la exageración europea sobre la riqueza americana y sirvió para justificar saqueos, violencia y expediciones sucesivas. Sí hubo oro, pero no el tesoro mítico que alimentó la codicia imperial.

 

DEL SAQUEO AL ASENTAMIENTO: INGLATERRA MIRA HACIA EL NORTE

 

Mientras el Caribe era el escenario del golpe rápido y el botín inmediato, Inglaterra comprendió que el verdadero poder no estaba solo en robar, sino en ocupar, permanecer y reproducirse. Así, el Imperio dirigió su mirada hacia Norteamérica, donde el modelo de dominación sería distinto, pero no menos implacable.

 

A diferencia de Mesoamérica o los Andes, Inglaterra no encontró grandes imperios centralizados ni ciudades rebosantes de oro. Encontró territorios extensos, pueblos indígenas dispersos y una riqueza menos visible, pero más duradera: la tierra misma.

 

Los primeros asentamientos

 

Jamestown (1607), en la actual Virginia, fue el primer asentamiento permanente inglés.

Plymouth (1620) fue fundado por puritanos que huían de persecuciones religiosas.

 

No llegaron como ejércitos de conquista formal, sino como colonos: agricultores, comerciantes, disidentes. No vinieron a extraer rápido, sino a quedarse.

 

Expansión lenta, violencia constante

 

El método inglés no fue la conquista fulminante, sino la presión continua:

— tratados forzados

— compras fraudulentas de tierras

— desplazamientos sistemáticos

— guerras locales interminables

 

No hubo una masacre fundacional única, sino una cadena de expulsiones que, con el tiempo, borró a los pueblos originarios del mapa.

 

Guerras contra los pueblos indígenas

 

Las colonias inglesas entraron en conflicto permanente con los pueblos nativos:

— powhatan

— pequot

— wampanoag

 

La Guerra del Rey Felipe (1675–1678) fue una de las más sangrientas y casi destruyó la presencia indígena en Nueva Inglaterra. Aquí no hubo evangelización masiva ni mestizaje estructural. La solución fue más directa: desplazar o exterminar.

 

La guerra contra Francia

 

El dominio inglés no se consolidó hasta derrotar a otro imperio europeo. La Guerra Franco-India (1754–1763), parte de la Guerra de los Siete Años, enfrentó a Inglaterra y Francia por el control del continente.

 

La victoria inglesa significó:

— la expulsión de Francia de Canadá

— el control casi total de Norteamérica oriental

— la creación de un poder colonial sin rival inmediato

 

Paradójicamente, esa victoria sembró las condiciones para la independencia de las colonias inglesas.

 

Dos modelos, un mismo resultado

 

España conquistó e integró; Inglaterra colonizó y sustituyó.

Una impuso lengua y religión; la otra frontera y exclusión.

Diferentes métodos, misma lógica imperial.

 

IMPERIO Y ESCLAVITUD

 

El Imperio inglés fue también uno de los principales actores del comercio transatlántico de esclavos. Millones de africanos fueron arrancados de sus tierras y vendidos como mercancía para sostener economías coloniales en América y el Caribe. El progreso industrial británico tuvo una base humana brutal, rara vez mencionada en los relatos triunfalistas.

 

IMPERIOS AYER Y HOY

 

Inglaterra conquistó territorios en América del Norte, el Caribe, África, Asia y Oceanía. Aún conserva dominios de ultramar. Guyana fue colonia británica hasta el siglo XX; las Islas Malvinas (Falkland Islands) siguen siendo territorio británico, y su disputa con Argentina desembocó en la guerra de 1982.

 

Los imperios cambian de forma, no de lógica. Ayer fue el oro; hoy son el petróleo, los minerales estratégicos y las rutas comerciales. Cambian los discursos, no las ambiciones.

 

ANÁLISIS FINAL (PERSPECTIVA AMPLIADA)

 

Mirados en conjunto, los hechos dejan una certeza incómoda: los imperios no improvisan, ensayan. La piratería inglesa en el Caribe, los incendios estratégicos en Panamá, la ocupación silenciosa de Norteamérica y el comercio de esclavos no fueron episodios aislados, sino capítulos de una misma lógica de expansión. El Imperio inglés aprendió a moverse entre la ilegalidad y la ley, entre el saqueo abierto y la colonización permanente, ajustando sus métodos según el territorio y la resistencia que encontraba.

 

Mientras en Mesoamérica y el Caribe el oro marcó el ritmo de la violencia inmediata, en Norteamérica la tierra fue el botín lento. Allí no hubo grandes ciudades que conquistar ni emperadores que capturar, pero sí pueblos que estorbaban. La solución no fue la integración ni el mestizaje, sino el desplazamiento sistemático. No una masacre fundacional que lo explicara todo, sino una sucesión de guerras menores, tratados rotos y fronteras que avanzaban como una marea fría. Distinto método, misma consecuencia: la desaparición del otro.

 

Panamá y Portobelo revelan el rostro más crudo del imperio marítimo: golpear donde duele, interrumpir la circulación de la riqueza, convertir ciudades enteras en advertencias. El incendio de Panamá no fue un accidente trágico, sino una decisión desesperada dentro de una guerra global por recursos. Y el mito del altar de oro muestra cómo la codicia europea necesitó inventar tesoros infinitos para justificar violencias reales.

 

A esto se suma la esclavitud, columna vertebral del sistema atlántico. Sin cuerpos esclavizados no hubo plantaciones, ni puertos prósperos, ni revolución industrial. El Imperio inglés, que luego se narró a sí mismo como cuna de libertades modernas, se levantó sobre una economía que negó la humanidad de millones. Ese silencio también es parte del legado.

 

Comparar imperios no busca absolver a ninguno. España, Inglaterra, Francia y Holanda operaron con lenguajes distintos, pero compartieron una misma gramática: apropiarse, dominar, extraer. Algunos impusieron la cruz, otros el comercio; algunos dejaron mestizaje, otros, exclusión; todos dejaron cicatrices.

 

Entender esto no es un ejercicio de culpa tardía, sino de lucidez histórica. América no fue “descubierta”: fue disputada, explotada y reinventada desde afuera. Y muchas de las tensiones actuales —territoriales, económicas, culturales— son ecos de aquellas decisiones imperiales.

Y cuidado eh, los imperios se parecen en su ambición, pero se diferencian en sus métodos y consecuencias.

Algunos conquistaron y mezclaron.

Otros conquistaron y borraron.

 

Y esa diferencia explica por qué España, América Latina y el mundo anglosajón son lo que son hoy.

 

La historia no exige perdón ni revancha. Exige memoria. Porque cuando los imperios no se recuerdan, se repiten. Y siempre, de una u otra forma, vuelven a llamar progreso a lo que antes llamaron conquista.

Solo fíjense, EEUU le exige petróleo a Venezuela para compensar sus gastos, so pretexto de que también serán beneficiados, pero deja intacta una élite opresora que aún tiene presos políticos en sus cárceles. ¿Y de quién es el petróleo?

JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026

 

*¿De dónde ustedes creen que viene la expresión "PATENTE DE CORSO" que tanto empleamos en nuestro léxico?

La expresión "patente de corso" proviene de los documentos oficiales (cartas de marca o contramarca) emitidos por monarcas durante la Edad Media y Moderna. Esta licencia autorizaba a barcos privados a atacar y saquear naves de naciones enemigas, legitimando el corso y evitando que los corsarios fueran considerados simples piratas.

 

Comentarios +

Comentarios7

  • Patricia Aznar Laffont

    Digo la verdad: tu conocimiento me supera.
    Cómo opinar sobre esto si en realidad no sé nada.
    Ay! amigo, sos único.
    Qué valor tenés para este foro.
    Abrazo.

    • JUSTO ALDÚ

      Hola Patricia amiga, muchas gracias por tu visita, lectura y comentario. Casualmente aquí hago mención de LAS MALVINAS. Una justa aspiración argentina a la que me adhiero desde siempre.
      Un abrazo.

    • Lualpri

      Gracias totales por tus excelentes aportes, estimado amigo Justo.
      Fuerte abrazo!

      • JUSTO ALDÚ

        Gracias Luis por acompañarme en mis letras. Te estimo y he aprendido a conocerte un poco más por tu letras amigo.

        Un abrazo

        • Lualpri

          Mis letras son muy simples, pero en su gran mayoría, ciertas!

          Un abrazo y gracias por tus palabras.

        • David Arthur

          Un escrito muy buenos, Justo, con muchos detallas y información.
          Verdades de la historia que no salen en todos los libros.

          Abrazos
          David

          • JUSTO ALDÚ

            La razón es sencilla mi estimado. Muchas editoriales son del viejo continente y en los textos escolares solo muestran la parte bonita endulzandola con palabras. En la realidad hay hechos puntuales que se encuentran en textos de ensayo de Octavio Paz, Miguel Angel Asturias y otros.
            Por ejemplo: Se dice que Colón descubrió América, cuando en realidad no descubrió nada. El llegó a territorio que ya estaba habitado... etc.

            Saludos

          • El desalmado

            Preciosa y precisa descripción histórica de la naturaleza de los imperios en Latinoamérica, que se podría extrapolar al resto del mundo, pues todos los imperios se asientan en los tres mismos pilares: el poder duro de las armas y la violencia, el poder blando de la hegemonía cultural e ideológica y el poder económico que hace posible los otros dos, pero que a su vez se alimenta de ellos.
            Un fuerte abrazo.

            • JUSTO ALDÚ

              Como no mi estimado. Tienes toda la razón y te agradezco la lectura y comentario.

              Saludos

            • Javier Julián Enríquez

              Muchas gracias, amigo JUSTO, por este extraordinario y excepcional artículo sobre «los imperios, piratería, saqueo y dominio ultramarino». En tal contexto, la manifestación de la pretensión imperial, a través de diversas estrategias de dominación, revela una constante inherente a su naturaleza: la búsqueda de expansión y control. Si bien es cierto que la distinción entre la apropiación violenta y la asimilación gradual puede ser percibida en las metodologías empleadas por las distintas potencias, es importante destacar que ambas conducen a un resultado final análogo: la reconfiguración territorial y la imposición de un orden hegemónico. Por otra parte, es preciso señalar que la reflexión sobre las consecuencias de estas acciones no se trata simplemente de un ejercicio de retrospectiva, sino más bien de una indagación fundamental para comprender las dinámicas geopolíticas y las asimetrías de poder que están presentes en el mundo actual. Esto nos muestra que la memoria histórica puede servir como un antídoto contra la recurrencia de patrones de dominio y explotación.
              Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio

              • JUSTO ALDÚ

                Exacto mi estimado profesor. Javier Julián, agradezco profundamente la lectura atenta y tus palabras, que no solo acompañan el texto, sino que lo expanden con lucidez. Tienes razón en un punto esencial: más allá de las diferencias de método —saqueo inmediato o asimilación progresiva—, el resultado suele converger en una misma arquitectura de poder: reordenar territorios y someterlos a una lógica hegemónica.

                Ahí está, precisamente, una de las claves incómodas de la historia: los imperios no se definen tanto por sus discursos como por sus consecuencias. Unos integraron, otros desplazaron; unos dejaron mestizaje, otros borraduras más profundas. Pero en el fondo, como bien señalas, operaron bajo una misma pulsión de dominio.

                También coincido contigo en que esto no es un mero ejercicio de arqueología moral. Entender esos procesos no es mirar hacia atrás con nostalgia o condena automática, sino reconocer los hilos que aún hoy sostienen muchas dinámicas geopolíticas. La historia, cuando se asume con honestidad, no es un peso muerto: es una herramienta de conciencia.

                Tu reflexión sobre la memoria como antídoto es, quizá, el punto más valioso. Porque cuando los patrones no se reconocen, tienden a repetirse —a veces con otros nombres, otras justificaciones, pero con idéntica raíz.

                Recibe un fuerte abrazo, y gracias nuevamente por enriquecer el diálogo.

              • Rafael Escobar

                Una gran verdad sobre la historia de los grandes penares de nuestros aborígenes que fueron mancillados por las conquistas europeas, especialmente Inglaterra y España, que hoy tratan de cambiar la historia con las nuevas perspectivas con las cuales quieren dibujar los atropellos cometidos. Mis felicitaciones llegan a ti con mi fraternal abrazo a tu noble amistad.

                • JUSTO ALDÚ

                  Muchas gracias estimado por tu lectura y comentario. De centroamérica tenemos grandes baluartes que defendieron con verdadero honor el terruño. No fueron presa fácil aunque los superaban en número y armas.
                  Y sin más recordamos a Augusto Cesar Sandino. Quien luchó no solo contra la invasión de los EEUU, sino contra el gobierno de Adolfo Diaz. Un hombre con pocos recursos enfrentando a una potencia mundial, hegemonica y avasalladora como todo imperio.
                  Destacamos a Andrés Castro, luchando contra ingleses y estadounidenses.
                  Y el más Célebre para esos tiempos fue Diriagén.

                  Saludos

                • El Hombre de la Rosa

                  Una gran verdad sobre la pirateria y el robo del imperio Ingles estimado Panameño y amigo Justo Aldu
                  Saludos de amistad desde España
                  El Hombre de la Rosa

                  • JUSTO ALDÚ

                    Muchas gracias Críspulo. Tenía que decirse y se dijo.

                    Saludos



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