Tengo que caminar varios años hacia atrás
ascender
de espaldas
una escalera
con ventanas laterales,
como un tranvía que retrocede el camino
hasta los adioses, las huidas solitarias y los llantos primigenios.
Sin la nostalgia del Edén perdido, recién llegado del viaje,
movía planetas con los dedos antes de dormir, y al despertar
trizaba galaxias enteras con un suspiro.
Luego dominé todos los elementos,
pendiendo de un árbol, reposando en la tierra, en fuegos otoñales
o al pie de un lago cristalino que evocaba un recuerdo extraño
en su espejo.
Nada era imposible,
ni siquiera reír,
ni llorar cuando mi padre decía que volvería a las Siete
y el cielo ya marcaba las ocho;
o cuando mi madre escapaba antes del alba
y me obligaba a desafiar
atroces monstruos.
Poco a poco me separé del cielo.
Ya me desprecia
cerrando sus cortinas grises.
Pero tengo la certeza del retorno,
de mirar una puesta cenicienta y fría
en el anillo europeo
que circunda la cintura del “Padre de los dioses”,
de mirar la espalda fatigada de Mitrasol;
la certeza de la Ítaca celeste y del culmen de Babel,
para recordar los gestos
purísimos del llanto y la alegría.
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Autor:
Lúa Betancourt (
Offline) - Publicado: 27 de abril de 2026 a las 16:56
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

Offline)
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