CIMIENTOS DE OLVIDO
(Humo de pueblo)
Remando las galeras en el tiempo
un viento frío y plateado permanece
petrificado en la semblanza
que aún gira como el chirrido
de la rueda sobre los cantos.
Una vida tranquila, irrecuperable
[donde los remolinos bailan].
Sosegada cuyas riendas del arriero
peregrino de surcos y jornadas
que no anhela otra suerte
aún con la sed encima
y el hambre de sus perros.
De las cumbres nevadas
nada necesita volver a ser como antes
porque en realidad, el tiempo no devora
es el hombre quien en su desesperación
atiborra toneladas de cemento
sobre el rastro del arriero
mientras el viento
sigue plateado y frío
ajeno a nuestra confusión.
¡Ahhhhh-ahhh-ahhhhhhhhhhh…!
¡Ahhh… ahhh… ah-ah-ahhhhh!
-
Autor:
Mario (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 27 de abril de 2026 a las 00:30
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez, LOURDES TARRATS

Offline)
Comentarios3
es el hombre quien en su desesperación
atiborra toneladas de cemento
sobre el rastro del arriero
saludos poeta amigo Mario
Amigo Mario,
Remando las galeras en el tiempo
un viento frío y plateado permanece
petrificado en la semblanza
que aún gira como el chirrido
de la rueda sobre los cantos.
Una vida tranquila, irrecuperable
[donde los remolinos bailan].
Sosegada cuyas riendas del arriero
peregrino de surcos y jornadas
que no anhela otra suerte
aún con la sed encima
y el hambre de sus perros.
De las cumbres nevadas
nada necesita volver a ser como antes
porque en realidad, el tiempo no devora
es el hombre quien en su desesperación
atiborra toneladas de cemento
sobre el rastro del arriero
mientras el viento
sigue plateado y frío
ajeno a nuestra confusión.
¡Ahhhhh-ahhh-ahhhhhhhhhhh…!
¡Ahhh… ahhh… ah-ah-ahhhhh!
Amigo Mario,
Su poema se siente como alguien que ha mirado hacia atrás sin nostalgia fácil. Hay una quietud en la forma en que nombra ese mundo —el arriero, los perros, el hambre— que no busca embellecerlo, sino reconocerlo. Y eso le da una honestidad poco común: uno percibe que no está intentando convencer a nadie, sino decir algo que ya entendió por dentro.
Me llamó especialmente la atención cómo usted desplaza la culpa del tiempo. No lo acusa. Lo deja estar, casi indiferente. Y en cambio, pone el peso en el hombre, en esa urgencia por cubrir, por fijar, por no tolerar que las cosas pasen y desaparezcan. Ahí el poema se vuelve más cercano, porque no habla de una idea abstracta, sino de algo que todos hacemos sin darnos cuenta.
El arriero, tal como usted lo presenta, no parece un personaje: parece una forma de estar en el mundo. No hay heroicidad en él, pero sí una especie de equilibrio. Vive con lo que tiene, incluso con la incomodidad. Y eso contrasta mucho con esa otra presencia más inquieta, la del hombre que necesita transformar todo, como si no pudiera quedarse en paz con lo que es.
El final me pareció muy significativo. Ese sonido, casi un desahogo, rompe con el tono contenido del resto. Como si después de tanta claridad, algo en usted necesitara salir sin forma, sin palabras. Y eso, lejos de restarle fuerza, lo vuelve más humano.
Es un poema que no se apoya en adornos. Se sostiene en una mirada clara y en una incomodidad que usted no disfraza. Y ahí, precisamente, encuentra su fuerza.
Gracias Mario.
Le envio un Abrazo envuelto fuerza encontrada, porque :
POERAS SOMOS
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