CIMIENTOS DE OLVIDO
(Humo de pueblo)
Remando las galeras en el tiempo
un viento frío y plateado permanece
petrificado en la semblanza
que aún gira como el chirrido
de la rueda sobre los cantos.
Una vida tranquila, irrecuperable
[donde los remolinos bailan].
Sosegada cuyas riendas del arriero
peregrino de surcos y jornadas
que no anhela otra suerte
aún con la sed encima
y el hambre de sus perros.
De las cumbres nevadas
nada necesita volver a ser como antes
porque en realidad, el tiempo no devora
es el hombre quien en su desesperación
atiborra toneladas de cemento
sobre el rastro del arriero
mientras el viento
sigue plateado y frío
ajeno a nuestra confusión.
¡Ahhhhh-ahhh-ahhhhhhhhhhh…!
¡Ahhh… ahhh… ah-ah-ahhhhh!