En tenue velo, edad fugaz declina,
vana honra que el deseo solo inflama,
riqueza fútil que en su sombra brama
lo que un suspiro a la nada confina;
el tiempo, que con paso no camina,
las horas de la vida desentrama,
y en el teatro del mundo, en gran drama,
la fortuna así es su sombra y su ruina.
Callada muerte, mi esquiva enemiga,
que en lid perpetua contra el ser combate,
mi salud con su hielo se fatiga;
y en este ciego y lánguido debate,
es dulce ironía que el alma siga
viviendo solo de lo que la abate.
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Autor:
Javier Julián Enríquez (
Offline) - Publicado: 26 de abril de 2026 a las 14:26
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 15
- Usuarios favoritos de este poema: Una voz, JUSTO ALDÚ, racsonando, SienaR, LOURDES TARRATS, Mauro Enrique Lopez Z., 🍷✨️ MariPD, leo albanell, Osler Detourniel, Lualpri

Offline)
Comentarios3
Saludos Javier Julián, hoy te leo un soneto que levanta su arquitectura sobre una intuición antigua y siempre punzante: la vida como un espejismo sostenido por el deseo, mientras el tiempo —ese verdugo sin pasos— va destejiendo, hebra por hebra, la ilusión de permanencia. Desde el primer verso uno puede distinguir que...Ese “tenue velo” y la “edad fugaz” establecen una metáfora envolvente: la existencia no es más que un velo translúcido que ya, en su misma aparición, anuncia su caída. La honra, la riqueza, incluso la fortuna, son tratadas como entidades casi teatrales, espectros que “braman” en su propia vacuidad, lo que refuerza una visión barroca del mundo como escenario ilusorio, donde todo fulgor es apenas eco de la nada.Bueno el poema brilla especialmente en su tejido retórico. La personificación del tiempo que “no camina” pero desentraña la vida introduce una paradoja de gran eficacia: lo inmóvil como agente de destrucción. Asimismo, la metáfora teatral (“teatro del mundo”) dialoga con una tradición clásica. La “callada muerte” emerge como figura central mediante una apóstrofe cargada de tensión íntima, mientras que la “dulce ironía” final encierra una antítesis magistral: vivir de aquello que consume. Este cierre no solo redondea el sentido, sino que lo clava como una espina filosófica.
Muy bien construido y llevado verso a verso.
Un fuerte abrazo
Muchas gracias, amigo JUSTO, por este gran y valioso análisis, que extrae con exhaustividad los puntos clave del soneto y que ofrece una perspectiva sobre la condición humana, lo cual permite establecer una relación entre la voz poética y su contexto. En este sentido, el poema, al delinear la existencia como un tránsito efímero bajo un velo que se desvanece, expone una concepción pesimista y lúcida, donde la honra y la riqueza se manifiestan como quimeras ilusorias, infladas por el deseo y disueltas por el tiempo. Por lo que la muerte, en su omnipresencia y silencio, se presenta como un tema inevitable y el punto final del discurso vital. Así, el anhelo de superación persiste, alimentado por aquello que le oprime, lo que constituye una amarga ironía y una exhortación a discernir la vacuidad de los temores y la inevitable caída. Esta circunstancia, en consonancia con la conciencia existencialista de la finitud y la desilusión, sugiere una aceptación serena y reflexiva de la condición mortal.
Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio
Esta forma poética ofrece una reflexión melancólica sobre la brevedad de la existencia humana y la inevitable llegada de la muerte. El autor describe cómo las ambiciones mundanas, como la honra y la riqueza, se desvanecen rápidamente frente al paso implacable del tiempo. Mediante un lenguaje lírico, se presenta la vida como una representación dramática donde la fortuna es engañosa y conduce eventualmente a la ruina. La obra destaca una lucha constante entre la salud y la muerte silenciosa, la cual acecha persistentemente al ser vivo. Finalmente, el texto concluye con la paradoja de que el alma encuentra su sustento precisamente en aquello que la consume.
Bendecido domingo.
Muchas gracias, estimado amigo Racsonando, por tu valioso análisis que recoge muy bien la esencia del poema. Así, tal como muy bien subrayas, la brevedad de la vida humana, ante la ineludible realidad de la muerte, se manifiesta como un tema central en este soneto. Las aspiraciones mundanas, como la gloria y opulencia, pueden ser desafiadas por el implacable avance del tiempo, lo que sugiere la naturaleza efímera de las ambiciones humanas. En este trance dramático, pues, la fortuna se manifiesta como un espejismo engañoso, que conduce a una desolación inevitable. En este aspecto, el poema destaca sutilmente la lucha constante entre la vitalidad y amenaza latente de la muerte, un desafío que puede afectar la existencia humana. Paradójicamente, el ser humano encuentra su sustento en aquello que lo consume.
Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio
Querido amigo Javier Julián.
Elogio a la Anatomía de lo Efímero
Tu obra no es una simple meditación sobre el paso del tiempo; es una disección metafísica ejecutada con una lucidez implacable. Logras capturar esa estética de la erosión que define a los grandes maestros del desengaño, donde la estructura del soneto no funciona como un adorno, sino como una celda de mármol que encierra al lector en la asfixia de lo inevitable.
Lo que eleva este escrito es tu capacidad para personificar la abstracción: el tiempo no solo transcurre, sino que "desentrama" las horas, deshaciendo el tejido de la identidad con un "paso que no camina". Es una paradoja brillante; una progresión invisible que nos revela que la fortuna y la gloria no son metas, sino la escenografía de un "teatro de la vacuidad" donde la riqueza brama en su propia sombra.
Filosóficamente, el texto trasciende la queja para entrar en la dialéctica del consumo. Te alejas de la metáfora fácil para recordarnos que la vida no es un depósito que se agota, sino una llama que solo existe mientras se devora a sí misma. El cierre es demoledor: esa "dulce ironía" de un alma que sobrevive nutriéndose de su propio desgaste. Es un hallazgo psicológico potente; sugieres que nuestra conciencia no brilla a pesar del dolor, sino precisamente porque el dolor la consume.
En definitiva, retratas la anatomía de la fugacidad con la precisión de un cirujano que sabe que él mismo es el paciente. Has convertido un suspiro en una sentencia eterna, recordándonos que, en este ciego debate, nuestra única posesión real es aquello que nos abate.
Te envío un fuerte abrazo envuelto en la complicidad de lo eterno, porque, al final del día...
POETAS SOMOS.
Muchas gracias, querida amiga Lourdes, por tu excepcional y extraordinario análisis que con precisión se adentra en el poema y aborda temas como la fugacidad con una gran exactitud analítica. Así, tal como muy bien subrayas, «la vida no es un depósito que se agota, sino una llama que solo existe mientras se devora a sí misma». La «dulce ironía» de un ser que subsiste alimentándose de su propio declive. Se evidencia, pues, una representación de la «anatomía de lo efímero» con la meticulosidad de un cirujano consciente de su propia condición de paciente. Un análisis, pues, que deviene en una sentencia eterna, y que se erige como un recordatorio perenne de que, en el contexto de este debate ciego, nuestra única posesión real radica en aquello que nos subyuga. Es decir, «nuestra conciencia no brilla a pesar del dolor, sino precisamente porque el dolor la consume».
Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio
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