Naufragio

J M Labastida

El viento sopla sosiegos 
a las copas de los árboles  
Acrópolis, tan solitaria, 
    tan cerca del cielo, 
con menos color que abajo, 
ni el calor del vino y el pan. 
 
Nubes glaciares rumbo al Edén  
tundra inerte como el infierno; 
mares entre desiertos, dentro de ellos  
navegan balsas las arenas del fondo 
 
Luceros del ocaso enrojecen 
la tristeza perdida en el horizonte; 
estatuas de sal despiden la luz   
al hospicio eterno —arriba y abajo— 
El perpetuo azul marino. 

Comentarios +

Comentarios1

  • El Hombre de la Rosa

    Cuando el cerebro del trovador versa la pluma creativa recibe las letras que crean la poesía estimado Joel
    Abrazos de Críspulo desde el Norte de España
    El Hombre de la Rosa



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.