El viento sopla sosiegos
a las copas de los árboles
Acrópolis, tan solitaria,
tan cerca del cielo,
con menos color que abajo,
ni el calor del vino y el pan.
Nubes glaciares rumbo al Edén
tundra inerte como el infierno;
mares entre desiertos, dentro de ellos
navegan balsas las arenas del fondo
Luceros del ocaso enrojecen
la tristeza perdida en el horizonte;
estatuas de sal despiden la luz
al hospicio eterno —arriba y abajo—
El perpetuo azul marino.
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Autor:
Joel Damián Rojas (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 26 de abril de 2026 a las 03:04
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 27
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., El Hombre de la Rosa, Nelly Cevallos - Liora, alicia perez hernandez

Offline)
Comentarios1
Cuando el cerebro del trovador versa la pluma creativa recibe las letras que crean la poesía estimado Joel
Abrazos de Críspulo desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
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