J M Labastida

Naufragio

El viento sopla sosiegos 
a las copas de los árboles  
Acrópolis, tan solitaria, 
    tan cerca del cielo, 
con menos color que abajo, 
ni el calor del vino y el pan. 
 
Nubes glaciares rumbo al Edén  
tundra inerte como el infierno; 
mares entre desiertos, dentro de ellos  
navegan balsas las arenas del fondo 
 
Luceros del ocaso enrojecen 
la tristeza perdida en el horizonte; 
estatuas de sal despiden la luz   
al hospicio eterno —arriba y abajo— 
El perpetuo azul marino.