BLUES DE LA VENTANA EN EL JARDÍN

José Bayón Garcinuño

La ventana en el jardín

está triste y sola.

 

La ventana espera.

No ve colores ni flores.

No siente aromas,

ni fragancias,

ni hedores.

 

Está triste.

No nota las raíces de todo lo vivo,

penetrando y rompiendo la tierra.

No siente el llanto en el aire.

 

Es ajena a los pétalos y cortezas,

a las piedras y plumas,

a las escamas y pieles,

a los cuchillos

que cortan el cielo

para ver como sangra.

 

Está sola.

No la calienta el Sol

ni la enfría la Luna.

No sabe de días ni noches,

de amaneceres ni ocasos.

 

Está triste. 

No tiene pareces que la contengan,

ni cimientos que la anclen.

No tiene ladrillos,

ni cemento al que agarrarse.

 

Está sola.

No la vuelan los pájaros en su aire.

No la tiñe el polvo con color de tierra.

No la moja el agua ni la quema el fuego.

 

Está triste.

Los árboles y las flores

no la quieren vecina a sus raíces.

No es alimento de termitas

ni trapecio de arañas.

No tiene visillos que la vistan de novia.

No hay cortinas gruesas que la tapen como viuda.

 

La ventana en el jardín

está sola y triste.

Espera unos labios

que arañen sus cristales con palabras,

que los empañen de besos.

Añora las manos que desconoce,

llenas de suavidad y caricias.

Unas manos que pongan vida

en sus hierros y maderas.

 

Ofrece alfeizar

para reposar cuerpo,

para descansar alma, 

para que te quedes a vivir en ella.

Se entrega toda

por cuatro macetas

de geranios o claveles,

por una rosa,

por un lazo blanco de seda

o por cualquier tela negra.

 

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