Bajo el peso de la tierra roja y el silencio,
late Mponeng, un abismo de metal y oro,
donde la roca arde en un abrazo de fuego
a sesenta y seis grados de un calor sin retorno.
Se vierte el hielo, granizado de sal y viento,
ríos de frío para engañar al infierno,
bajando el aire a un suspiro soportable
mientras el hombre perfora el sueño eterno.
Tres saltos al vacío en cajas de hierro,
una hora de descenso a velocidad de rayo;
tres ascensores que devoran la distancia
entre el sol de África y el rincón más huraño.
Y allí, en la clausura de la piedra antigua,
el oxígeno es mito y la luz no tiene nombre,
habita la Audaxviator, la viajera audaz,
que no necesita del cielo ni del hombre.
Bebe del uranio, del átomo y la sombra,
alquimia pura en la soledad del estrato,
un milagro vivo que en la oscuridad total
respira el fuego de un mundo bajo contrato.
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Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 23 de abril de 2026 a las 16:49
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 13
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, Antonio Pais, Salvador Santoyo Sánchez, Mauro Enrique Lopez Z., Jose de amercal

Offline)
Comentarios2
Me gustaría conocer Mponeng, para platicar con Audaxviator , la he visto convertida en diamante, es mi bella amante, la Diosa de la miseria que se ha creado en Pangea...
La diosa de la minería que ha creado Pangea...
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